
Aunque la idea tiene su gracia no deja de ser paradójico que, para evitar los trámites de divorcio a las parejas que quieran separarse, se obligue a todas las que quieran seguir a hacer trámites cada cierto tiempo. En cualquier caso es evidente que dichos trámites resultarían mucho menos tediosos y por descontado más agradables que una separación. No en vano, lo complicado del divorcio no es tanto el papeleo en sí sino el reparto de los trozos. La propuesta, como todas las propuestas que hacen los políticos a través de los medios de comunicación, no entra en el peliagudo asunto de los trozos. Se dice el qué, pero nunca el cómo.

Y es que la propuesta parece ignorar que la mayoría de las parejas se casa antes por el banco que por el ayuntamiento, y ese contrato no expira hasta que se han apoquinado todas las cuotas.
Otro punto conflictivo de la polémica es la duración del contrato en cuestión. Pauli propone que sea de siete años ya que, asegura, es lo que dura de media el amor. Esto es una tontería como la copa de un pino. El amor es un sentimiento cuya duración es difícil de medir. Puede durar un milisegundo (hasta que el/la otr@ abre la boca y habla) o una eternidad. Probablemente a lo que se refería Pauli al decir amor era al enamoramiento que por norma general dura muchísimo menos.

La tasa de matrimonios para cada mil habitantes ha ido decreciendo casi regularmente desde los 7,60 de 1975 hasta los 4,70 de 2006 (Fuente INE). Por su parte, los divorcios y separaciones han ido creciendo a buen ritmo y de los casi 73.000 divorcios y 64.000 separaciones que se produjeron en 2005 (más de la mitad del número de matrimonios registrados el mismo año), aproximadamente la mitad tuvieron lugar en matrimonios de menos de 10 años. De los restantes, casi una cuarta parte llevaban más de 20. (Aprovecho para comentar que la edad media del primer matrimonio ha crecido a su vez desde los 26,83 y 24,29 para hombres y mujeres respectivamente en 1975 hasta los 31,52 y 29,37 en 2005, algo que no viene a cuento con lo que hablamos, pero ya que tenía el dato me ha apetecido ponerlo).

Hay un colectivo, eso sí, que seguro se está frotando las manos a la espera de que se apruebe esta propuesta. Cuantos viven del lucrativo negocio de las bodas. Además de las bodas y las cada vez más escasas bodas de plata y oro... podrían añadir a su catálogo de productos las celebraciones por renovación de votos. Seguro que no faltaría un vestido o una tarta especial para la ocasión, quizás con algún código de color para cada una de las etapas. Llevamos siete años, rosa. Catorce, rojo. Veintiuno, naranja. Veintiocho, amarillo. Treintaycinco... Ya lo pensaremos si algún día llega alguien.
En definitiva. Que la amiga Pauli ha conseguido la dosis de portada que necesitaba para salir por la puerta grande y de paso tocar las narices a los dinosaurios de su partido. Algunos analistas políticos consideran que este "patinazo" le cierra toda posibilidad de obtener la presidencia de su grupo. Personalmente creo que más que patinazo es una pataleta porque no tenía ninguna posibilidad y prefiere marcharse haciendo ruido. Un ruido que le dará la excusa perfecta a los que ya pensaban echarla y nos permite reflexionar un poco sobre la sacrosanta institución del matrimonio. Un contrato que, por más que algunos se empeñen, no es para toda la vida, aunque tampoco es necesario que por ello castiguemos a los que aguantan juntos haciéndoles pasar cada siete años por el juzgado para recordar que lo suyo es algo cada día más raro.
El amor suele durar siete años
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