lunes, 13 de abril de 2009

Hecho un recristo

Debo estar de un beato que tiro de espaldas, porque llevo más de un mes con el Ceomo en la portada del blog. Y es que, aparte de hecho un cristo, estoy hecho un perraco de padre y muy señor mío.

El tema es que la Semana Santa se ha acabado y yo estoy más perro y más hecho un cristo que nunca. Pero no sólo no me quejo sino que hago propósito de enmienda.

En los próximos días pienso reincorporarme a la actividad bloguera que nunca abandoné. Ergo no será reincorporación. Pero lo parecerá porque pienso escribir. De entrada, anunciaré un evento cultural y luego haré un análisis del laicismo verbal en el calendario escolar. O lo que es lo mismo. Cómo el ansia por hacer la pelota y parecer políticamente correctos nos pueden llevar a ser simplemente gilipollas.

Pero eso será en los próximos días. De momento aún estamos oficialmente en pascuas y... NO HE COMIDO MONA!!!! Esto es más grave de lo que pensaba. He desperdiciado una oportunidad oficial de ponerme hasta las trancas de chocolate... Estoy fatal. Menos mal que vuelve la normalidad. Trabajar lo mismo pero con una jornada laboral conocida.

Si me lo llegan a decir hace unos años...

martes, 3 de marzo de 2009

Hecho un cristo

Ecce HomoLos años pasan y nunca en balde. A mí, si bien de la experiencia y conocimiento de ese que acumula más el diablo por viejo que por diablo me protejo bastante bien, me está siendo difícil librarme de algunas cargas indeseadas del paso del tiempo. Y en la tele dirán continuamente que no pesan los años sino los quilos, pero en quilos hace ya un tiempo que me mantengo estable (sobrepasao pero estable) mientras que los años me pesan cada vez más.

Alguien dirá que cómo tengo el morro de quejarme de la edad en plena pimpollez. Direle que la pimpollez es prima de la gilipollez y que debe ser por ello que me explico muy malamente porque no me quejo de mi edad, que me mola cada día más que ayer y menos que mañana, sino de los estragos que causan en mi humilde cuerpesito serrano, sobre el que hacen mella, escarnio y cuanto pueda hacerse con mala leche. Vamos, que estoy hecho un cristo (en mi pueblo diría un ceomo). Y cada día más, por lo que mi preocupación por el presente es pánico por el futuro.

Lo de estar hecho un cristo viene especialmente a cuento esta semana en que voy a alcanzar la edad del susodicho. Quiero decir.., la edad de cristo cuando tenía la edad que tendré. Y es que una cosa es ser el hijo de Dios y otra que te concedan la gracia de pararte a la edad que te dé la gana. Digo yo que cuando tenía diez años tenía más o menos la misma edad que cristo a los diez años, y el mágico número 33 no es sino la edad que tenía cristo a los 33. ¿Que ya no cumplió más? Vale, lo acepto (aunque con la boca pequeña, que he leído en algún sitio que al tercer día resucitó y en ningún sitio pone que tras resucitar dejes de cumplir años...). Pero ¿por qué hemos de suponer que cuando alguien muere se queda en la edad que tenía para siempre? Será por eso que en muchas lápidas del cementerio ponen la última foto del difuno y por eso están llenos de imágenes de vejestorios apolillados. Pero yo siempre he creído que, puestos a recordar a alguien, mejor hacerlo con una foto de cuando estaba en plena forma. Quizás por eso mi avatar es una foto del día que cumplí mi primer añito, cuando ya se evidenciaba todo mi potencial y los años no habían empezado a estropear nada.

En cualquier caso, el asunto es que esta semana cumplo años y es un número muy chulo. Así que, por eso de que estaré hecho un cristo pero no estoy muerto, me han entrado ganas de aprovecharme de la situación y usar la fecha como excusa para convocar a los amigotes alrededor de una cervecita.

Pero como estoy hecho un cristo, y eso no compensa sino que multiplica mi habitual perrez, no me veo con cuerpo para organizaciones, hinchar globitos, hacer tartas y demás y optaré por la solución perra, perra que ya he empleado en otras ocasiones. El próximo viernes, 6 de marzo, estaré en el puf irlandés que indico a continuación a partir de las once de la noche. Si a alguien le apetece venir, será bienvenido.

Nos vemos...

Copichuela para celebrar que estoy hecho un cristo

Lugar:
Lymerick Irish Pub
C/ Bruc, 55 (esquina Diputación)
Barcelona

Noche y hora:
Viernes, 6 de marzo
Aproximadamente de 23 a 1 (al día siguiente madrugo que me voy de calçotada)

Requisitos:
Dejar los malos rollos en casita

Más información:
Celebremos que estoy hecho un cristo en Facebook

PD.- Acabo de montar la convocatoria electrónica y la del Facebook... y he llegado a la conclusión de que conozco a demasiada gente. Demasiada al menos para montar estas cosas. Qué panzá de reenviar, clickear y cortarpegar. Me he jartado y seguro que me he dejado a mucha gente así que sentíos libres cual palomillas para reenviar. De momento, ya se ha apuntado una chica guapísima así que buscamos al menos una persona más para no ser pares. ;-)

martes, 17 de febrero de 2009

Muere el creador de los clicks

Hans BeckDebe ser que me estoy haciendo mayor (mayor que yo, antes, supongo...) porque de todos los temas que tenía pendientes para ir colgando (el que no publique no significa que no piense en hacerlo) me he decidido precisamente por éste. Dentro de poquito alcanzaré la edad de Cristo (sobre este particular ya habrá tiempo para hablar) y supongo que la visión del infatigable avance del tiempo te pone melancólico y hace que aquellas noticias que te devuelven a la más tierna infancia te resulten más blogueables.

El asunto es que el pasado día 4 nos dejó un personaje que marcó nuestras vidas, pese a que la mayoría no hemos oído hablar de él hasta la publicación de su obituario. Se trata de Hans Beck (Ah, claro, el viejo Hans...) un señor desconocido por el gran público pero que marcó la infancia de buena parte de mis compañeros de generación. El Sr. Becks es nada más y nada menos que el creador de los Playmobil, unos muñequitos de plástico con los que muchos desarrollamos nuestra imaginación recreando mil y una historias.

Debo confesar, sin embargo, que yo jamás tuve un Playmobil. En mis tiempos lo que había eran Clicks de Famóbil, la marca con la que Famosa distribuyó en España estos muñecajos. Por aquel entonces tenían muchos menos gadgets que en años posteriores y, lo mejor de todo, sus manos eran rígidas y formaban parte del mismo molde que el brazo. De hecho, un click se componía de 6 piezas: una cabeza, el pelo, un tronco, dos brazos y ua única pieza para las dos piernas. Todas estas piezas eran exáctamente iguales entre todos los muñecos y sólo cambiaba el color, que era uniforme en toda la pieza a excepción de la cabeza que tenía un dibujito con las facciones (dibujo también igual en todos los modelos). Lo que daba personalidad a cada muñeco era el color del pelo y los gadgets, un montón de arreos que transformaban al cachivache inexpresivo en un pirata, un chérif o un bombero. Las únicas variaciones que recuerdo son un cuerpo más ancho con forma de falda para las chicas y la insólita pata de palo que lucía uno de los piratas que venían en el barco ídem. Aquel barco, que monté y desmonté innumerables veces, con sus cañones provistos de un muellecillo que lanzaban unas pequeñas bolas de plástico hasta que perdías la última, fue uno de los juguetes con los que más disfruté de pequeñajo. Más tarde se ampliaría el número de dibujos para las caras, aparecerían algunos modelos con barba, distintos moldes de peinado... y finalmente, las manos articuladas de los puñeteros Playmobil cuando yo ya era demasiado mayor para clicks y demasiado joven para corbatas. Qué difícil hacer un regalo a un adolescente de nuestros tiempos...

La verdad es que, si bien tuve una buena colección de clicks (el nombrado barco pirata, el chérif con su cárcel del lejano oeste y su caballo...) los que realmente me gustaban eral los Airgam Boys (entonces, argambois) un poquito más grandes y con más piezas. Tenían dos piernas y se le podían quitar manos y pies. También contaban con más modelos de cara y pelo, pero en el resto eran también todos iguales. De los bastantes argambois que tuve, recuerdo con especial cariño un escuadrón de romanos, con su centurión, su catapulta (lanzaba un click lo menos a 30 centímetros...) y su torre de asalto, y los equipos nacionales de España y Argentina, con una estensión para darle patadas a un icosaedro pintado como un balón y los numeritos a la espalda para recrear los cracks del momento: Arkonada, Quini, Juanito, Santillana, Ardiles, Pasarela, Kempes y un chavalín que no tenía pelusa (los modelos de pelo no daban para tanto) pero cuyo 10 a la espalda acreditaba que se trataba nada más y nada menos que del inigualable Maradona.

GeypermanHabía otros muñecajos más molones que los airgambois, pero también mucho más caros. Tuve un Mádelman (codos y rodillas articuladas y unos trajes y cachivaches con todo lujo de detalles) y, tachán tachán, ¡un Géiperman! un peazo muñeco de casi dos palmos ¡¡¡que tenía pelo de verdad!!! Una gozada no apta para todos los bolsillos.

En fin. Que todo este rollo para decir que aun a riesgo de pasar por un frikarra, un nostálgico empedernido, un abuelito cebolleta o simplemente un tarado, echo de menos mis muñecajos de la infancia, aquellos con los que jugué hasta destrozarlos y que hoy valen un pastón en el Ebay. Claro que todos los míos salieron de su envoltorio original a los cinco segundos y jamás pisaron una vitrina. Ni siquiera mi Darth Vader o mi guerrero imperial de la luna de Ender, con esa peaso moto voladora que se desmontaba al pulsar un botoncito y cuyos fragmentos, con los que quizás soñaría un coleccionista, duermen el sueño de los justos en alguna caja de algún desván cagándose en los legos (que viva el Tente) los GIJoes, los Gormitis y como leche se llamen los muñecos con los que han venido juegando los niños de las generaciones sucesivas.

Descansa en paz, papá click.


Hans Beck, 'padre' de los 'clicks' de Playmobil, en El Mundo

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