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lunes, 2 de noviembre de 2009

Subvención de la cultura o la cultura de la subvención

Sobre lo que ocurre con el dinero público, nuestro dinero, hay estos días en la prensa un buen puñado de ejemplos que nos permiten hacernos una idea. El hecho de que unos cuantos casos salgan a la luz en un corto periodo de tiempo, y que esto ocurra en unos tiempos en que la gente se queda en la calle porque parece ser que hay crisis, hace que la información cobre mayor relevancia. Pero lo triste del asunto es que no vemos más que la punta del iceberg. Como las moscas a la mierda, los chorizos acuden en tropel a donde hay dinero. Y el vertedero más suculento es el dinero que manejan personas a quienes no les pertenece y por tanto ponen menos celo en su cuidado. El dinero público, el que parte de nuestros impuestos, es dinero de otros. Y el dinero de otros (aunque en definitiva lo hayamos pagado nosotros) puede adjudicarse con una ligereza que no tendríamos ni con una moneda que acabamos de encontrar en un charco.

No voy a hablar de los recientes casos de corrupción. Al menos no hoy. Tampoco voy a sumarme a la corriente fácil de meter a todo el mundo en el mismo saco y afirmar que todos los funcionarios públicos, todos los políticos... etc. roban a manos llenas. Ni siquiera una mayoría. Acepto que la gente sin escrúpulos es una minoría (si fuesen mayoría al menos el dinero se distribuiría más equitativamente) y que los que finalmente son desenmascarados una minoría dentro de la minoría. Este artículo no pretende demonizar a nadie. Más bien abrir una reflexión a partir de un caso, anecdótico si se quiere, que acaba de llegar a mi conocimiento.

He recibido una carta en la que se expone el caso de una película que no habéis visto ni, por lo que leo, veréis nunca. Una película que ha sido posible en buena parte gracias a subvenciones destinadas a promover la cultura. Unas subvenciones que, personalmente, encuentro muy adecuadas, siempre y cuando quien las otorga se tome la molestia de comprobar que el dinero entregado sirve para aquello para lo que fue concedido. En mi opinión, una subvención a una película pretende, al menos, que una obra cuya rentabilidad económica no está clara tenga la oportunidad de llegar al público y ser vista por la gente. Una oportunidad que nunca tendría si el único criterio para ser financiada fuera su potencial comercial. Pero como ya he dicho ni habéis visto ni veréis la película. Entonces... ¿Para qué se subvenciona?

En la carta que adjunto se explica todo lo ocurrido. Podréis haceros vuestra propia composición de lugar. Me limitaré a añadir un par de elementos de contexto que me parecen importantes. En estos días hay una gran polémica con motivo del desarrollo de la ley del cine. Como siempre en estos casos, la parte más controvertida es la referida a la política de subvenciones al cine español. Algunos cineastas han visto en esta ley una clara apuesta por las grandes producciones dejando de lado los pequeños proyectos. Podéis leer al respecto aquí. Algunos podrían pensar que los hechos que motivan esta carta dan argumentos a favor de la nueva ley. Sería una lectura simplista. Es evidente que es necesario regular y revisar constantemente los sistemas de ayudas. Pero más evidente aún es que ninguna ley de ayudas sirve absolutamente de nada si luego no se disponen instrumentos para controlar que los objetivos de las citadas ayudas se cumplan. Mientras discutimos a quién hay que subvencionar, hay hordas de chupópteros estudiando el texto de la ley para descubrir cómo beneficiarse de las subvenciones sin hacer nada. Mientras tanto, los que no entienden de subvenciones pero las necesitan para hacer realidad sus proyectos se ven entre la espada de gente sin escrúpulos pero con contactos y la pared de una financiación cuyas puertas sólo pueden abrir los de la espada. En fin. Mejor leed la carta y ya la comentaremos.

Más información:

'Soy un pelele', radiografía del cine español y sus subvenciones, en internautas.org
Página oficial de Soy un Pelele

CARTA ABIERTA DE DENUNCIA DEL ESTRENO FANTASMA DE “¡SOY UN PELELE!”
Rogamos la difusión pública de esta nota en la que denunciamos cómo el esfuerzo colectivo para realizar una película se ve tristemente frustrado cuando una productora se aprovecha de la posibilidad de obtener ayudas públicas sin tener obligación de estrenar sus películas de la manera adecuada. Éste es el caso de “¡Soy un pelele!”, de Hernán Migoya, que ha sido estrenada silenciando su difusión, sin convocatoria de prensa y sin siquiera disponer del cartel oficial del filme para su exhibición en las salas. La productora del filme, Iris Star, con sus responsables al frente, Pere Domènech y su hijo Jaume Domènech, nunca han mostrado interés en la exhibición apropiada de la película, salvo para obtener subvenciones.

Desde el inicio del proyecto, en el año 2003, éstos son los desmanes cometidos por Iris Star:
Oscurantismo absoluto en torno al presupuesto de la película. Ni siquiera el director supo nunca de qué dinero disponía para realizar el filme.
Se falseó públicamente el número de semanas destinadas al rodaje de “¡Soy un pelele!”. En el dossier de prensa oficial, figuran como 8 semanas las dedicadas a la filmación, cuando en realidad fueron 27 días (menos de 6 semanas), concretamente del 2 de noviembre al 12 de Diciembre de 2006.
Una semana antes de empezar a rodar, pretenden despedir al director, porque les parece excesivo el planning de rodaje. Más tarde averiguaremos que su intención era reducir la filmación a quince días, la mitad de lo requerido.
Interrupción abrupta y sin explicaciones del rodaje, a tres días de concluirse el plan previsto de 6 semanas.
Retención por parte de la productora del material rodado a lo largo de un año entero, sin posibilidad de acceso a él para su visionado y montaje.
Transcurrido más de un año, el montaje ya realizado demuestra que, efectivamente, se necesita rodar el material extra que la productora se negó a filmar en su momento, para la completa comprensión del guión. Se reúne de nuevo a todo el equipo, más de doce meses después, para un solo día de rodaje concedido. Iris Star deja a deber el sueldo de casi todo el personal movilizado -incluyendo la remuneración por la banda sonora a los músicos y al compositor principal, Refree, que ha trabajado sin contrato hasta hace escasos días-, y sólo accede a empezar a pagarlo cuando se le echa encima el límite de fecha de estreno, impuesto por los organismos públicos.
Seleccionada en la Sección Oficial No competitiva del Festival Internacional de Cinema de Catalunya SITGES 2008, los responsables de Iris Star no hacen acto de presencia en la rueda de prensa del filme, temerosos de que algún periodista saque a colación el hecho de que la película ha sido rodada enteramente en lengua castellana. Se le solicita al director por parte de los responsables de la productora que, de ser requerido sobre el tema, afirme una falsedad: que la película sí está rodada en catalán, pero extremadamente bien doblada al castellano. Todo lo cual induce a sospechar que se esconden intereses ocultos referentes a ayudas económicas de la Generalitat de Catalunya, destinadas a proyectos rodados en lengua catalana.
Un año después de su exhibición en el Festival de Sitges, Iris Star no tiene más remedio que estrenar la película, presuntamente para cobrar otra subvención que así lo estipula. Debido a la presión del propio director, la productora se ve obligada a salir con varias copias, siete en total -trece menos de las acordadas inicialmente-, pero sin duda más de las que la empresa hubiera deseado.
Iris Star, en todo momento, evita implicarse en promocionar el estreno:
-A día de hoy, todavía no se ha difundido el tráiler de la película, montado por el propio director para su difusión por televisiones y cines, igual que tampoco se difundió a los medios correspondientes, meses atrás, el videoclip del tema principal de la película, compuesto por Refree e interpretado por los Hermanos Calatrava.

-El estreno no se confirma a la propia jefa de prensa hasta dos semanas antes de la fecha escogida, impidiendo una labor adecuada de promoción, hasta el punto de motivar la dimisión de esta profesional.

-La rueda de prensa, prevista para el día jueves 22 de Octubre de 2009, se llevó a cabo en el Cine Palafox de Madrid sin haberse realizado absolutamente ningún comunicado oficial previo ni nota de prensa a los medios, debido a lo cual únicamente asistieron dos periodistas, gracias a que habían sido avisados por el propio director. La prensa, sencillamente, no fue convocada por Iris Star.

-A la rueda de prensa tampoco pudo acudir el protagonista masculino de la película, Roberto Sanmartín, debido a la incompetencia a la hora de reservarle un vuelo desde las Islas Canarias, dado que se facturó el billete a su nombre artístico.

Tan poco interés ha manifestado la productora en la difusión del estreno de la película, que ni siquiera dispone de las copias del cartel original de la misma para suministrarlas a las salas de exhibición. Red Pixel, el estudio de diseño original del cartel -ya utilizado en el preestreno en Sitges-, se negó a facilitar de nuevo los archivos para la impresión del mismo ya que Iris Star no ha efectuado el pago del trabajo realizado –motivo por el cual ha sido realizada la correspondiente demanda judicial-, por lo que la productora improvisó por su cuenta y riesgo la recreación de un cartel imitativo, utilizando sin permiso de su autor las mismas fotografías en baja resolución. El resultado es tan grotesco que incluso han olvidado incluir en el cartel “recreado” el nombre de la protagonista femenina, la actriz Rosa Boladeras.

No existe mayor frustración para un equipo de artistas que el hecho de que el fruto de su trabajo ¡de seis años! sea maltratado y silenciado de tal manera, en aras de la especulación económica.

Toda obra artística financiada con ayudas públicas debe tener la oportunidad de ser accesible al público. Todos los ciudadanos deben tener la posibilidad de conocer y, si lo desean, acceder a aquellas obras que se han co-financiado con sus impuestos: en este caso, se ha impedido cualquier posibilidad de que el público tenga conocimiento de su existencia para decidir si desea acudir al cine o no.

¿Tiene derecho una productora que recibe dinero de las administraciones públicas a realizar estrenos fantasmas, falseando presuntamente el idioma de filmación original, reduciendo al máximo las partidas destinadas a rodaje, tiradas de copias y difusión, e impidiendo que el público pueda acceder a la obra realizada con ese dinero?

Creemos que es una vergüenza que, mientras la inmensa mayoría de las productoras de nuestro país luchan para mejorar la calidad y difusión de nuestro cine, exista aún una productora subvencionada a la que le conviene económicamente no estrenar como es debido sus películas, dando la espalda olímpicamente a los posibles ingresos de taquilla y obteniendo beneficios con la mera especulación de las ayudas obtenidas desde las administraciones públicas.

¿Por qué Iris Star ha cambiado de nombre como empresa (ahora es Stardis) y de sede social? ¿Tal vez pretende burlar el rastro de sus acreedores y así seguir solicitando nuevas subvenciones para nuevos proyectos que tampoco llegarán a conocimiento del público?

Obviamente, los abajo firmantes no estamos cuestionando la política de subvenciones públicas ni la profesionalidad de nuestro gremio, solamente la existencia de un caso absolutamente aberrante, que por su desfachatez avergüenza al resto del sector audiovisual.

Por todo ello, solicitamos que los medios de comunicación investiguen a fondo y denuncien llegado el caso, y que los organismos públicos garanticen la transparencia en la concesión de subvenciones para asegurar la sana administración de las ayudas otorgadas, y para que no se repita la existencia de empresas parasitarias en nuestra industria.

A 26 DE OCTUBRE DE 2009, FIRMAN ESTA DECLARACIÓN:

Hernán Migoya, director de ¡Soy un pelele!
Roberto San Martín, actor de ¡Soy un pelele!
Rosa Boladeras, actriz de ¡Soy un pelele!
Francisco Calatrava, actor de ¡Soy un pelele!
Jordi Ordóñez Medina, actor de ¡Soy un pelele!
Francesc Prat Dutren, ayudante de dirección de ¡Soy un pelele!
Bernat Bosch, director de fotografía de ¡Soy un pelele!
Nina Caussa, ayudante de producción de ¡Soy un pelele!
Anna Pons García, figurinista de ¡Soy un pelele!
Làia Serra Ros, Dpto. de Arte de ¡Soy un pelele!
Pepe Cáceres, técnico de sonido de ¡Soy un pelele!
Fric López Verdeguer, key grip de ¡Soy un pelele!
Juan Andrés Pegoraro, foto fija de ¡Soy un pelele!
Anna Solanas Santacana, sonorista de ¡Soy un pelele!
Luis Roldán, diseñador cartel de ¡Soy un pelele!

Y por si alguien es de la opinión de que hay películas cuyo derecho a la exhibición no merece ser defendido, incluimos una crítica de Fausto Fernández, crítico y especialista de la revista Fotogramas; crítica que no será nunca publicada, pues Iris Star no avisó a tiempo del estreno de ¡Soy un pelele! Fausto Fernández ha tenido la gentileza de enviarnos el texto y permitirnos su difusión pública.

¡Soy un pelele! ***** por Fausto Fernández

Yerma pradera pecadora de amnésicos sin talento, la producción cinematográfica nacional sigue empeñada en relegar al olvido a quienes osan cabalgar(la) a contracorriente...del stablishment avinagrado, que no del público, ese forastero siempre ignorado, Hernán Migoya, forastero en tierra extraña (y enemiga) habla en su estupenda puesta de largo en el ídem de lo que los castrantes convencionalismos hacen a nuestro cine y a nuestras vidas: nos reprimen.

Olvidar para vivir, así sucede en estas ricas peripecias de un director sin identidad y una guionista enamorada reescribiendo ese amor a golpe de revisión, ácrata y juerguista, de géneros. Encuentro en París, esa capital metacomedia de Richard Quine, se erige en el eje del film, aunque no en el único: en esta vitalista, cínica, divertida y emocionante coda romántica al ozorismo o a Russ Meyer (convierte a los nudies sesenteros en versos hipnóticos que rimarían con Alain Resnais o Marguerite Duras), el Pierrot el loco de Godard se da la mano (o le mete mano) a Billy Wilder o a Howard Hawks (Su juego favorito pasada por el universo farrellyano).

Generosamente, ¿suicidamente?, el francotirador padre de Kung-Fu Kiyo o DNI reúne en su película las señas de identidad de la comedia de enredos sexuales-sentimentales para que el público se tronche. Es verdad que ya muchos no están para simplemente reír sin coartadas intelectualoides, y que ¡Soy un pelele!, en términos billywilderianos, estaría más cerca de la odiada Bésame, tonto que de Con faldas y a lo loco, pero incluso ahí resalta el estilo y el compromiso del autor.

Dirigida con rabiosa e inocente libertad, con una asombrosa elegancia (o procacidad) y con una magia especial en el trato con los actores (si hubiera justicia el gran Calatrava se llevaría un Goya), ¡Soy un pelele! es una pequeña gran maravilla, un puñetero regalo para amantes del cine que está, sí, puñeteramente vivo. Un canto de cachondo amor libertario que no nos gustaría olvidar jamás. Para quienes odien ser peleles del mainstream.

Lo mejor: está escrita, dirigida e interpretada desde el corazón, y la entrepierna.
Lo peor: su pésimo estreno comercial.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La quimera de la objetividad

objetividad.
1. f. Cualidad de objetivo.

objetivo, va.
1. adj. Perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir.
2. adj. Desinteresado, desapasionado.
3. adj. Fil. Que existe realmente, fuera del sujeto que lo conoce.
4. adj. Med. Dicho de un síntoma: Que resulta perceptible.
5. m. objeto (‖ fin o intento).
6. m. Mil. Blanco para ejercitarse en el tiro.
7. m. Mil. Cualquier otro objeto sobre el que se dispara un arma de fuego.
8. m. Mil. Punto o zona que se pretende alcanzar u ocupar como resultado de una operación militar.
9. m. Ópt. Lente o sistema de lentes de los instrumentos ópticos, colocado en la parte que se dirige hacia el objeto.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

QuimeraLa historia de la paleontología está plagada de grandes hallazgos y algún que otro chasco que, visto con perspectiva, resulta gracioso, aunque no debió serlo para los implicados. Cuando esta ciencia empezaba a constituirse como tal y las técnicas que hoy utilizamos no existían o estaban en fase de desarrollo, era relativamente frecuente que, ya bien por ignorancia del aspirante a paleontólogo, por anteponer el ansia de un gran descubrimiento al rigor o, en ocasiones, por una bromilla de alguno de sus colegas (apasionante la historia del Hombre de Piltdown), en ocasiones saltó a los medios un hallazgo espectacular que a la postre se quedaría en espectacular fiasco. Entre ellos tenemos el caso de las quimeras: unos interesantísimos fósiles que hicieron aflorar las más descabelladas teorías sobre la evolución pero que, a la postre, quedaron en nada al descubrirse que no se trataba de los huesos de un único animal extraño sino de varios de sobras conocidos. Así, por ejemplo, al igual que la quimera de la mitología era cabra, serpiente y dragón en uno, el fósil que fuera durante un tiempo bautizado como homogalluscapri pasó en un santiamén de eslabón perdido a marranote perdido cuando se descubrió que eran los huesos de un hombre neolítico que murió al derrumbarse un pajar mientras fornicaba con una gallina ante la mirada expectante de una cabra.

GallifanteLo del homogalluscapri es una chorrada que me he inventado (lo del fósil, no el hecho de que... en fin) pero la cuestión es que los humanos seguimos montando quimeras tomando de aquí y de allá lo que nos conviene para montar una fantasía interesante para el que la escucha a partir de varias realidades interesantes para los que las vivieron. Lo de la objetividad viene a ser más o menos eso.

Hasta la saciedad he repetido que la objetividad no existe y, de existir, no tendría el más mínimo interés. Es una afirmación en dos partes, aunque rara vez nadie se para a escuchar la segunda. Voy a explicarme a ver si zanjamos el tema de una vez.

Dice el diccionario que la objetividad es la cualidad de objetivo, y objetivo es aquello relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar y sentir. Algo desinteresado y desapasionado. Para los filosófos, y yo no lo soy, es algo que existe realmente fuera del sujeto que lo conoce. Si fuera filósofo empezaría a preguntarme si un arbol que cae en mitad del bosque ha caído realmente o ha hecho ruido. Pero como no lo soy me preocupan las ardillas que tenían su nido en el pobre árbol y no tengo valor de ir a preguntarles su opinión. Como lo que soy es una persona interesada en las personas y en cómo se comunican me centraré en la objetividad en el campo que nos ocupa que es el de la comunicación y, más concretamente, el de los medios de comunicación.

Todos los códigos deontológicos de la profesión periódistica, así como los libros de estilo de todos los medios de comunicación hacen en algún momento referencia a la total sumisión al principio de la objetividad, como una condición irrenunciable de todo trabajo periodístico que merezca tal nombre. Lo que no es objetivo es una manipulación inaceptable que se debe denunciar a toda costa. Y para lograr dicha objetividad se encomiendan a las llamadas "rutinas de producción" que implican básicamente contrastar todas las informaciones y aportar cuanto menos dos fuentes fiables que corroboren la veracidad de los hechos narrados. Los hechos, contrastables y corroborables son la base del periodismo riguroso.

El niño y la serpienteDesgraciadamente para los fanáticos de la objetividad, el hecho objetivo, la realidad filosófica, no pueden comunicarse. El único modo de conocer una realidad es vivirla y conocerla supone percibirla mediante los sentidos y entenderla. Es decir. Relacionarla con lo que ya sabemos e interpretarla en función de nuestros conocimientos previos. Nuestra experiencia de un hecho es, por definición, subjetiva, en tanto que no podemos desligar dicha experiencia de las experiencias previas. Por eso los filósofos que hablan de objetividad se refieren a la realidad "fuera del sujeto que lo conoce" ya que dentro, al entrar en contacto con lo que conocía previamente, ya es subjetiva. Por este motivo dos personas que han vivido una misma situación reaccionan y, evidentemente, la relatan de maneras absolutamente distintas. Por poner un ejemplo, ante el sonido del cascabel de un crótalo, alguien que siempre ha vivido en una ciudad y no ve documentales de La 2 sentirá curiosidad por el extraño sonido, un especialista en serpientes sentirá una enorme emoción ante la posibilidad de encontrar un ejemplar interesante, alguien a quien haya picado una cascabel sentirá pánico y un niño buscará emocionado el sonajero con el que jugar. Cuatro personas ante una misma realidad, cuatro experiencias distintas.

Pero quizás estoy hilando muy fino. Vamos a olvidarnos de filosofías y a suponer que nuestros periodistas se encuentran ante un hecho que podrían vivir todos más o menos del mismo modo. Para cumplir con su mandato de objetividad deben acercarse al hecho de forma desapasionada y desinteresada, con independencia de la propia forma de pensar y sentir. El buen periodista, el periodista objetivo, es el que nos informa sin pensar ni sentir. Determina qué es noticia sin pensar ni sentir. Le da una jerarquía dentro del medio sin pensar ni sentir. Le asigna un espacio y unos recursos gráficos sin pensar ni sentir y, sin pensar ni sentir, busca las fuentes de información, contrasta, corrobora... para, siempre sin pensar ni sentir, escribir finalmente una pieza totalmente objetiva. Qué profesión más interesante la que puede realizarse sin necesidad de pensar ni sentir.

Todas las acciones que he nombrado, seleccionar, jerarquizar.., son labores constantes del periodista y son, por definición, subjetivas. A mi medio de comunicación le pido que me proporcione información de aquellos acontecimientos que ocurren más allá de mi entorno inmediato pero que pueden afectarme de algún modo. y espero que al hacerlo se tomen la molestia de pensar y sentir qué puede serme más útil. Y si lo hacen apasionadamente, tanto mejor. Que lo hacen interesadamente debo presuponerlo si no soy un ingenuo ya que los medios son empresas con objetivos (económicos, políticos, sociales...) claros y sus redactores personas con intereses e inquietudes. Y no hay nada más estúpido que pretender que alguien pueda olvidarse de sus inquietudes e intereses mientras hace su trabajo. Yo no puedo. Y por eso trabajo inquieta e interesadamente, pensando y sintiendo sin parar. De una forma total y naturalmente subjetiva.

Paul NewmanPero vamos a suponer, a mucho suponer, que hubiera una forma de observar el mundo y explicarlo sin pensar y sin sentir. Que pudiéramos encontrar unos criterios totalmente objetivos y el modo de aplicarlos en la observación de la realidad. En tal caso, un mismo hecho sólo podría explicarse de una forma. La forma objetiva. Un trabajo mecánico que ante unos mismos hechos nos daría resultados idénticos. Y así, las noticias se organizarían siguiendo funciones matemáticas que otorgarían importancia a los hechos en función del número de personas afectadas, la proximidad del hecho con el lector, el porcentaje de probabilidades de que algo así ocurra... En ese medio, probablemente, que unos señores derribaran un muro en Berlín hace unos años no tendría cabida ya que se derriban muros a diario. O la muerte de un señor de ochentaytantos años se descartaría por habitual, aunque dicho señor hubiera enternecido a medio mundo años atrás con sus penetrantes ojos azules y su sonrisa socarrona. El día que inventen el medio totalmente objetivo, que no me busquen. Será una noticia que de forma sentida, pensada, interesada y apasionada no querría escribir jamás. Porque cuando le pido a alguien que me cuente algo espero que ponga en ello su punto de vista, su experiencia, sus conocimientos previos, sus sentimientos y, por supuesto, toda su pasión. Qué menos.

(Imágenes añadidas a petición de la concurrencia)

Aprovecho para recomendar a todos los interesados en este tema la lectura del libro Les trampes dels periodistes, de Francesc Burguet i Ardiaca.

jueves, 3 de julio de 2008

María Escario y la importancia del contexto

Vivimos en los tiempos de la velocidad. Comida rápida, citas rápidas, todo rápido. También información rápida. Desde la revolución indusrial la tecnología nos ha ayudado en esta carrera por informarnos cada vez más rápidamente. La radio y la televisión nos abrieron las puertas al sueño de estar constantemente informados y la irrupción de Internet convirtió el sueño en realidad. Una realidad que podría convertirse en pesadilla si no somos capaces de digerir, cual hamburguesa de plástico, la que se avecina con la internet móvil que está al caer.

Incluso el viejo papel, gracias a los avances en las tecnologías de impresión, ha encontrado su espacio en esta vorágine con soportes publicitarios envueltos con información de consumo rápido. Toda la actualidad en 20 minutos, mientras viajas en metro, mañana y tarde...

El problema de la velocidad es que a veces está reñida con la calidad. La hamburguesa es rápida, pero no le llega al lento y sofisticado solomillo. Y en información la calidad tiene un nombre: contexto.

Querer informar de muchas cosas en poco espacio, en poco tiempo, implica descartar el contexto. Decir lo que pasa hoy no deja lugar a explicar lo que pasó ayer. Y o se está muy bien informado o es imposible entender el hoy sin conocer el ayer. La prensa gratuita o algunas informaciones de internet ejemplifican a la perfección cómo la obsesión por la información rápida nos aleja del conocimiento de lo que está pasando. Pere este mal se contagia fácilmente a otros canales. A cualquiera que intente competir en el mercado de ser el más rápido y conciso.

El problema de la rapidez informativa lo sufrimos a diario, pero en ocasiones vemos casos que son perfectos para ejemplificarlo. Como lo que le ha ocurrido estos días a María Escario.

En medio de la locura de las celebraciones por la Eurocopa saltó el escándalo. Mientras todas las cadenas competían por mostrar antes que nadie la misma escena Televisión Española se convirtió en noticia cuando su presentadora, conversando desde Austria con un compañero en Madrid, soltó una pregunta que puso los pelos de punta a cuantos la escucharon: "¿has notado si falta algo en tus bolsillos?"

La pregunta puede parecer inocente. El problema es que la formuló mientras su compañero explicaba que estaba rodeado de aficionados sudamericanos.



El contexto en que se dice algo, importa. Y este contexto no pasó desapercibido. La frase ha hecho correr ríos de tinta y el titular más repetido se refiere a ella como "comentarios xenófobos". El problema aquí es que el contexto es algo más amplio que los segundos previos a decir algo.

El diario 20 minutos publicaba hoy un breve con el siguiente texto:

Un periodista se hizo eco del número de latinos que celebraban el triunfo de España en la Eurocopa y Escario respondió: "¿Has visto si falta algo en tus bolsillos?" Por eso ha pedido perdón a los embajadors de Colombia y Ecuador.

La noticia no deja lugar a la duda. Es injustificable lo que hace la periodista, y pidiendo perdón reconoce su culpabilidad.

El Digital de Castilla La Mancha escribe en el subtítulo que la periodista "ha tenido que pedir disculpas" dando a entender que podría haber sido forzada a ello y tras relatar lo mismo que 20 minutos añade esta tibia excusa de María Escario:

«Cuando he oído mis palabras me he quedado horrorizada por un comentario que tal y como se oyó resulta xenófobo, pero que en absoluto fue mi intención», dijo la periodista.

Hasta aquí un periódico gratuito y un diario digital. ¿Pero qué pasa con los medios escritos de pago que, teóricamente, se diferencian del resto en dedicar más espacio al análisis? Pues vamos con El País, diario de referencia en España. En su sección Internacional escriben que La periodista que hizo un comentario xenófobo se disculpa. El artículo parte e las disculpas de Escario y se centra en las reacciones internacionales, especialmente en Edcuador y Colombia, donde, según el artículo, la disculpa les ha parecido del todo insuficiente. Algo que no extraña lo más mínimo si vemos la única frase de la carta de disculpas, totalmente ininteligible, que publica el diario:

En la carta de disculpa a los embajadores de Colombia y Ecuador, Escario, que reconoce su error y lo lamenta "profundamente", asegura que el comentario fue fruto de una confusión y que quería explicar "lo que en realidad quise decir pero no supe expresar".

¿Y qué es lo que en realidad quiso decir esta buena mujer pero no supo expresar? Ampliemos el contexto.

Parece ser que en una conexión anterior el periodista en Madrid dijo, para explicar que había muchísima gente a su alrededor, que había estado a punto de perder la cartera. En el momento de la fatídica conexión, en la que había muchísimo ruido y según explica Escario en su carta apenas se oían los unos a los otros, el mismo periodista estaba diciendo que había mucha más gente aún. Luego hizo referencia a la procedencia de algunas de estas personas mientras desde Viena, sin escuchar bien lo que le estaban diciendo, María Escario le haría una referencia a la anécdota del día anterior.

Nos lo podemos creer o no. Pero esta es la explicación que ha dado la protagonista del hecho, al tiempo que se ha disculpado por lo que se haya podido interpretar de sus palabras. Omitir la explicación completa y quedarse con la primera impresión es o un error garrafal o una completa manipulación.

De hecho la mayoría de medios han tratado bastante mejor la explicación de María Escario. Incluídos 20 Minutos en su web y El País en la sección Deportes (curiosamente en una noticia fechada con anterioridad a la de la sección Internacional).

En cualquier caso, la mayoría han incluído en su titular frases del tipo "comentarios xenófobos". Si creemos a María Escario el comentario no fue xenófobo. En todo caso, lo fue su interpretación. Oímos en la misma frase inmigrante y delito y presuponemos una relación. Aunque dicha relación nos indigne. Pero es en nuestro cerebro donde se ha producido.

Es cierto que dicha relación se produce en un contexto. La mayoría creímos que las palabras de Escario eran xenófobas porque hemos oído muchas veces a mucha gente relacionar una cosa con la otra. Y es que estamos socializados. Nos hemos adaptado a una sociedad en la que sólo un ingenuo no vería xenofobia en dichas palabras, sin conocer el contexto real. Quizás por ello es necesario reflexionar sobre el tema.

Lo que más me preocupa sin embargo de todo esto es que vuelve a evidenciarse que mucha gente no sabe o no quiere leer. Incluso en las noticias que explican todos los hechos aparecen multitud de comentarios que hacen caso omiso de lo ocurrido y aprovechan para ver lo que quieren ver. Así, encontramos un sinfín de comentarios del tipo "lo que dice la periodista es cierto" cuando ella ni siquiera lo ha dicho. Y para acabar de arreglarlo otros contestan indignados con alegatos tan anti xenófobos como frases iniciadas con un "es que todos los españoles son....".

Al final, lo más triste no es que se haya generado un conflicto diplomático por un malentendido o que se haya puesto en entredicho la dignidad de una profesional. Lo peor de todo es que tenemos abiertos innumerables foros donde las partes más xenófobas de nuestra sociedad están ventilando sus prejuicios a los cuatro vientos y generando más odio. Algo de lo que, por desgracia, andamos bastante sobrados.

Enlaces relacionados:
La periodista María Escario se disculpa por un comentario xenófobo en la celebración de la Eurocopa | El Periódico de Catalunya

María Escario pide perdón a Ecuador y Colombia por un comentario "xenófobo", El País (Deportes)

María Escario se disculpa por un comentario xenófobo en directo, El digital de Castilla la Mancha

viernes, 14 de marzo de 2008

Dostoievski es un suplicio

Existe la sensación (quizás más que una sensación) de que en España se lee poco. Creíamos que la culpa era del sistema educativo, pero quizás lo es del sistema penal. Un juez turco nos ha iluminado a todos con una sentencia que no sólo servirá pero ayudar en su reinserción a dos ladronzuelos sino que sin duda elevará el nivel cultural de la ciudadanía turca a cotas insospechadas. Al menos, de la ciudadanía que pasa un tiempecito a la sombra.

Parece ser que un par de chorizos fueron pillados en flagrante delito. Los arrestados confesaron su culpabilidad y mostraron arrepentimiento, por lo que el juez decidió ser benévolo. ¿Benévolo? Según se mire. El magistrado ha condenado a los infractores a cinco meses de prisión durante los cuales tendrán que dedicar al menos tres horas diarias a, ojito, ¡leer!. Como no se fía de que realmente lean, el juez, que seguramente fue a mi cole, ha optado por seguir la misma táctica que aplicaban en la escuela para asegurarse de que habíamos leído lo mandado cuando nos castigaban: hacer resúmenes de lo leído.

Por un momento pensé en pillarme un vuelo barato y acercarme a Turquía a robar algo, a ver si me caían cinco mesecitos de retiro literario. El problemilla es que el juez no tiene suficiente con obligarte a leer. Encima decide qué debes leer. Y para empezar con buen pie su primera elección ha sido la más lógica: Crimen y Castigo, de Fiódor Dostoievski. Supongo que la siguiente lectura será El idiota.

No sé qué pensaría el amigo Fiódor si levantase la cabeza y viera que en algunos países la lectura de su obra más célebre se considera una condena. Yo creo que le haría gracia. En cualquier caso, una de las explicaciones que ha dado el juez a esta peculiar sentencia es que los ladrones colaboraron con la policía y no mataron a nadie. De haberlo hecho el castigo hubiera sido mucho más duro. Qué se yo... ¿Las obras completas de Ken Follet? ¿Dan Brown? ¿¿Paulo Coelho?? Buf. Voy a revisar la Convención de Ginebra a ver qué dice al respecto...

Turquía condena a dos ladrones a leer 3 horas al día, en La Vanguardia

martes, 27 de noviembre de 2007

Heidi pierde las bragas

Heidi, paja... ¿Qué titular saldría con esta imagen?Ese titular sería sin duda el más apropiado para la noticia que publicaba elmundo.es el pasado miércoles. Bajo el sugerente título de Turquía censura las bragas de Heidi nos ofrecía un interesante artículo sobre la islamización de la sociedad turca y sus repercusiones en distintos campos de la cultura. El problema es que las bragas de Heidi no estaban, pero no porque hubieran sido censuradas. Simplemente porque nunca estuvieron.

La prenda que ha hecho saltar chispas en Turquía no han sido unas bragas ni pertenece a la alegre muchachita de mejillas sonrosadas. Se trata de un pañuelo. Un pañuelo que en una edición de la famosa obra (la literaria) cubre la cabeza de la abuela de Clara en una ilustración. El problema es que ha sido esta edición, precisamente, la que ha incluido el ministerio de educación turco en una lista de lecturas recomendadas para los niños. ¿Cómo ha llegado el redactor de El Mundo del pañuelo a las bragas? Es un misterio que leyendo y releyendo el texto de la noticia no podemos desvelar. El hecho de que una edición de Heidi no incluya ninguna ilustración en la que se vean las bragas de la niña no implica censura de ningún tipo. No, a menos que consideremos que dichas bragas suponen un elemento fundamental en la obra. Y me parece que en ese caso sería mucho suponer.

¿Pedro se come el bollo de Heidi?La versión en dibujos animados de Heidi forma parte del imaginario colectivo de toda una generación y se ha convertido en un referente de nuestra infancia como lo fue Marco o la abeja Maya. Y en dicho imaginario, la visión de la niña de ojos enormes bajando a saltos una montaña mientras nos muestra sin pudor una braga-faja de lo más antierótico se ha convertido en un icono tan difundido como el inefable Pichí, la silla de ruedas de Clara o los rumores sobre las posibles relaciones entre el abuelito y la señora Seseman (la del pañuelo), Heidi y Pedro, Pedro y Niebla o Heidi y Pichí. Realmente nos hemos acostumbrado a buscar referentes sexuales en Heidi, quizás probablemente por el hecho de ser un referente de nuestra infancia, un tiempo en el que la televisión infantil era de un blanco inmaculado. Por el mismo motivo, tal vez, la red está repleta de insinuaciones sobre la relación homosexual de Epi y Blas. Puede que el mismo mecanismo actúe en la mente de los políticos polacos al ver indecente al pobre Pinky Winky. Pero eso no es motivo suficiente para inventarnos el titular de una noticia. Eso sí. El momento es oportuno. Y para muestra, esta noticia que nos sorprendió en su día y cuyo tratamiento también daría para comentar largo y tendido.



Lo que está ocurriendo en Turquía tiene interés. Mucho interés. Y resulta triste que para llamar la atención del lector sea necesario provocar con titulares espectáculo basados en insinuaciones y en la propia (y calenturienta) imaginación del redactor. Quizás nadie prestaría atención a la noticia si no se nombraran las bragas. Pero es que las bragas no forman parte de la noticia. Las bragas no están. La Heidi de los niños turcos no lleva bragas. Y si las lleva es sólo en su imaginación. Tal vez los niños turcos pueden fantasear con la idea de que, bajo esa falda hasta los tobillos, Heidi esconde unas espectaculares bragas de encaje. O un tanga. O absolutamente nada. Nosotros la recordaremos siempre con bragas de cuello vuelto. Quizás sea mejor la opción turca.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Las enfermeras, contra el desodorante

Hace un par de años escribí un comentario sobre publicidad y estereotipos con motivo de una serie de quejas que habían suscitado distitos anuncios televisivos. Dichos anuncios no escandalizaban al personal por lo malos que eran sino por ofrecer imágenes estereotipadas de distintos colectivos. Una expresión, imagen estereotipada, que me sigue llamando la atención en este país de tópicos y chascarrillos en el que vivimos.

Los conjurados contra el estereotipo han vuelto a reunirse recientemente para denunciar la imagen denigrante que sobre un colectivo, las enfermeras y personal sanitario en general, ofrece la última campaña del desodorante AXE. Se trata de una campaña que, bajo la impronunciable marca Bom Chicka Wah Wah, pretende hacernos creer que por feos que seamos una rociadita de su mejunje derretirá los muslos de la moza más pintada que se cruce en nuestro camino. De hecho yo también denuncié la campaña, pero por generar expectativas que, al menos en mi caso, no lograba satisfacer.

Aplaudría a rabiar que denunciaran la campaña por recordarnos que vivimos rodeados de gilipollas (no merece otro calificativo quien se deje seducir por semejante memez de anuncio). O por vender bajo cuerda la idea de que el desodorante es la base de la higiene corporal (cualquiera que tome un autobús o el metro a las ocho de la mañana ha sentido la nauseabunda presencia de tantos y tantos que sustituyen la duchita de rigor por una inmersión en perjúmenes varios). Sin embargo me parece muy estrecho de miras observar este fenómeno desde el simple corporativismo o más aún desde el supuesto de que denigra la imagen de la mujer. Lo que denigra este anuncio es precisamente a los hombres al convertirlos en su único público objetivo bajo la premisa de que no tienen más interés en la vida que ser asaltados por mujeres enloquecidas por las feromonas. Para los creativos del anuncio el factor determinante que impulsará a un hombre a comprar un desodorante que cuesta el doble que cualquier otra marca es la sugerente idea de excitar como perras salvajes a cuantas mujeres aspiren sus afrodisíacos efluvios. Que no somos tan tontos, señores. Que todos sabemos que si no acompañas el desodorante con un descapotable, una fuerte melena al viento y un miembro de treinta centímetros no hay nada que... Me parece que tanto hablar de tópicos me está descentrando.

El hecho es que el anuncio es malo hasta la agonía, pero quizás es mucho afirmar que la imagen de un colectivo tan importante para todos como el del personal sanitario puede deteriorarse con semejante memez. Probablemente resulte más denigrante para el colectivo ver que sus representantes dan tanta cancha al anuncio que el anuncio en sí. Vendría a ser como si un personaje público, qué sé yo... Un miembro de la familia real, montara un pollo por unas caricaturas. Otro mal ejemplo. En definitiva. Que denunciar estos anuncios lo que acostumbra a conseguir es que aumente su impacto social y su conocimiento por parte de un público que, normalmente, pasa olímpicamente de la publicidad.

El problema es que este tipo de denuncias suelen provocar el seguimiento de otros grupos. De este modo, no sería de extrañar que en breve denunciaran a AXE otros colectivos como el Club de Compradores del Carreful (CCC)...



La Asociación de Pacientes de Odontología (APO)...



O la Federación Internacional de Nueras (FIN).



Aunque claro. Si lo pienso mejor acabo llegando a la conclusión de que estoy equivocado. Viendo la cantidad de vídeos de "imitadores" que están saliendo por todas partes, probablemente no estamos preparados para esto. Más aún cuando vemos el efecto demoledor que causa en los niños.



Vamos. Que sí. Que lo prohiban.

Para quitar el mal sabor de boca, os dejo el video oficial de la campaña. Por éste también podrían denunciar los que viajan en autobús... o los que les gusta la música. Allá cada cual.



ABC.es - Las enfermeras, contra un anuncio de Axe

Experimento AXE

miércoles, 4 de julio de 2007

Internet y la vida social

Internet genera cada día miles de noticias. Las más interesantes (un chaval que encuentra los datos que necesita para aprobar esa asignatura que lo traía de cabeza, dos personas que se enamoran, alguien que descubre que sus antepasados fueron unos unos criminales...) no tienen demasiada repercusión. Pero no hay día que no aparezca alguna cosa en los medios relacionada con la red. La inmensa mayoría son negativas.

Podríamos caer en el viejo tópico de que las malas noticias son mejores noticias. Pero ni siquiera van por ahí los tiros. A lo largo de la historia cada nueva tecnología de la comunicación, las que nos han hecho avanzar a pasos agigantados, ha sido pasto de una campaña brutal de acoso por parte de aquellos que tienen dificultades para asimilar los cambios. La palabra impresa no era tan fiable como la manuscrita. La efímera voz radiofónica no podía competir con la letra impresa. La alienante televisión atontaba más que la magnífica radio.

Internet no ha sido menos. Nadie niega la revolución que supone, pero, ojito, hay que ir con mucho cuidado. Chicos enganchados a la red, pornografía, mentiras, delitos... La mayoría de las noticias de Internet, o hablan de gente que se forra sin saber muy bien por qué o de los aspectos más sórdidos de nuestra sociedad (que, por supuesto, también están en la red).

Sorprende, por tanto, que de vez en cuando nos encontremos con noticias como la que se publicó a bombo y platillo la semana pasada. Un cientifiquísimo estudio demuestra, oh Dios mío, que los usuarios de Internet tienen más vida social que los que no se asoman a la red.

Lo sorprendente no es que por fin aparezca una noticia en la que Internet parece aportar algo positivo. De hecho las noticias sobre estudios gustan, y son especialmente frecuentes cuando se acerca el veranito y hay que tirar de nevera. Lo realmente sorprendente es que se dé tanta cancha a semejante perugrollada.

Analicemos un poquito el notición. Nos están diciendo que las personas que utilizan asiduamente un medio de comunicación que les permite relacionarse con personas de todo el mundo, publicar sus ideas, quedar con ellos, organizar actividades, informarse... tienen más vida social que las que no. Y que por tanto son más felices. Nos ha jodido. Es que se trata de eso. Los medios de comunicación los utiliza la gente que quiere comunicarse. Y la sopa de ajo, se hace con ajo.

¿Por qué es noticia por tanto este estudio? Pues para empezar porque lo ha publicado Manuel Castells, el sociólogo de la red. Pero sobre todo porque los que han recibido la nota de prensa se habían creído eso de que Internet es una droga que engancha a los jóvenes manteniéndolos día y noche pegados a una pantalla. Lo que no se ha preguntado nadie hasta ahora, parece, es qué diablos hace la gente enganchada a la pantalla. Y cuando alguien mira se da cuenta de que la gente en la red hace cosas. Más o menos las mismas que hace fuera, pero de manera distinta. Ese es el gran descubrimiento. Que la gente en Internet hace cosas. Y los medios han necesitado que venga un ejército de sociólogos a explicárselo. Quizás se hubieran percatado antes si hubieran intentado hacer cosas en Internet, en vez de preocuparse por si la gente lee el periódico gratis, por si los banners dan más beneficios que los adwords o por si les ponen enlaces a contenidos sin pasar por la portada. Internet sirve para hacer cosas. Y si eres sociable, te relacionas. Si eres ladrón, robas. Si eres introvertido, miras. Si eres adicto, te enganchas. Todo, todito, como en el mundo real. A ver si al final va a resultar que Internet es mundo real... Le preguntaremos a los sociólogos.

Un estudio dice que los usuarios de Internet son más activos, tienen más amigos y menos depresiones - IBLnews

Manuel Castells: 'Pensar que Internet enajena y aísla es una patraña sin base científica' - elmundo.es

sábado, 2 de junio de 2007

Gran donante 2: el método Seagal

Los que conocen mis gustos cinematográficos saben lo poquito que me gustan las pelis de Steven Seagal. Siempre las comparo con las pelis de Van Damme. Amus a ver... Que yo no tengo nada contra el cine comercial. Es más, los disfruto mucho. Y dentro del cine comercial tampoco tengo nada contra el de puñetazos. El cine también es entretenimiento y estas pelis cumplen su función. Pero para mi argumento me viene bien expresarlo en estos términos, así que no me toméis al pie de la letra.

Cuando comparo las pelis de Van Damme con las de Steven Seagal siempre digo que su principal punto en común es que son una mierda. Pero la gran diferencia es que las del primero son una mierda sin complejos, que no se avergüenzan de serlo y hasta se ríen de ello. Sin embargo, las de Steven Seagal son una mierda acomplejada, tanto, que se disfrazan de mierda con mensaje. Un mensaje de mierda, por supuesto. Si quieres volar edificios, repartir hostias y pegar tiros, hazlo. Pero no nos vendas la moto de que lo haces por denuncia social o ecologismo...

Toda esta idiotez para decir que lo del Gran Donante viene a ser lo mismo.

Hace un par de días os contaba mi indignación ante la noticia del estreno ayer de El Gran Show del Donante, el programa en el que se enfrentaría a una enferma terminal ante tres posibles receptores de uno de sus riñones (por cierto, no me acordé de preguntar qué diablos pensaban hacer con el otro). Pues bien. Hoy la prensa se hace eco de que el programa, fíjate tú, era un montaje para "sensibilizar sobre la donación de órganos".

Está claro que no soy el único ingenuo del planeta. Y no me refiero a la ingenuidad de creerse que realmente iban a hacer el programa como se había planteado (el mero hecho de que lo viéramos posible ya es de por sí suficientemente indicativo). Me refiero a la ingenuidad de los periodistas que cortan y pegan trozos del comunicado de prensa haciéndole el juego a esta caterva de patanes. No seamos idiotas. Los señores de endemol no quieren sensibilizarnos sobre nada. Y el hecho de que durante esta semana se hayan multiplicado en Holanda las altas en centros de donantes no es sino un efecto secundario del bochornoso espectáculo al que hemos asistido y un síntoma de la estupidez colectiva en la que vivimos.

Endemol es una empresa que vive de esa estupidez. Cuanto más estúpidos somos y más les seguimos el juego más audiencia consiguen y, por tanto, más dinero ganan. En esta ocasión han hecho exáctamente lo que criticábamos. Aprovechar para sus fines comerciales el sufrimiento de millones de personas. Y son tan cínicos que además lo disfrazan de solidaridad. Algunos verán en esta acción una crítica a una sociedad que se lo cree todo y que sólo se moviliza ante la provocación. Pero yo, de nuevo ingenuo, soy de los que creen que la provocación sólo puede llamarse como tal cuando se hace con inteligencia, con sutileza. Cuando se critica a la sociedad que te observa colocándola ante un espejo en el que puede reconocer sus males. El problema aquí es que el mal que nos han mostrado lo provocan ellos. No es un crítico ante una sociedad enferma. Es un virus riéndose del cuerpo que devora. Si podemos indignarnos ante la idea de que alguien explote el sufrimiento es precisamente porque ellos llevan años haciéndolo. Y que además se rían de nosotros por ello (al tiempo que se siguen llenando los bolsillos) es absolutamente mezquino.

Lo positivo de todo esto es que no hemos llegado a la cúspide. El programa que se planteó aún no se ha hecho y por tanto no podemos medir sus efectos. Aún podemos soñar con la idea de que, de haberse hecho, la gente hubiera pasado. Soñar. Porque el anzuelo estuvo ahí, y picamos.


El 'Gran espectáculo del donante' fue un montaje para sensibilizar sobre donaciones de órganos | El Periódico de Catalunya | Sociedad

jueves, 31 de mayo de 2007

Gran donante

La realidad siempre supera a la ficción. Pero la realidad ficticia, aquella que se crea en laboratorio para ser enlatada y vendida bajo el nombre de telerealidad o reallity show, es aún peor. El último invento de la factoría endemol, esa máquina de llevar a nuestras casas experimentos sociológicos de alto interés humano como Gran Hermano o Supervivientes, se estranará mañana en el canal holandés BNN. De grote donorshow. El gran donante.


Como uno es así de ingenuo, tenía la ilusión de que se tratara de una broma de mal gusto. Pero no. Es una realidad de pésimo gusto. Mañana los espectadores holandeses podrán jugar a ser dioses con su teléfono móvil diciéndole a una enferma terminal a cual de los tres concursantes con insuficiencia renal grave debe entregar uno de sus riñones.

El espectáculo lo tienen todo. Una moribunda será exhibida en público y se le dará la oportunidad de, antes de su inminente fallecimiento, salvar la vida de una persona y abandonar a su suerte a otras dos. Supongo que cuando uno va a morir debe resultar muy placentero situarse bajo los focos, ante la atenta mirada de millones de espectadores, para mirar a los ojos a dos personas y condenarlas a acompañarte en tu último viaje mientras, eso sí, salvas la vida a una tercera.

Los que vemos televisión nos curtimos rápido. Tras llorar un tiempo a una sobreactuada estrella de culebrón que lucha por recuperar un amor perdido o salvar a un hijo, necesitamos más. Entonces nos contagiamos de las lágrimas del neofamoso que llora por abandonar una casa que guarda un suculento premio económico. Lloramos después con el joven que pierde su sueño de triunfar. Con el famosillo venido a menos que abandona una isla que le podría devolver la fama perdida. ¿Y qué nos queda? Pues llorar con un concursante que, quizás, perderá con el concurso la oportunidad de seguir viviendo. Lo que nos gusta llorar...

Yo suelo ser muy condescendiente con los medios de comunicacón. Especialmente con los privados. Son un negocio y tienen derecho a ganar dinero como mejor les parezca. Como yo tengo derecho a no ver sus programas. Como mi criterio no es el único válido, acepto que tal vez lo que me parece una bazofia o un insulto a la inteligencia puede tener su interés para otras personas. No es una mierda. Es que yo no soy público objetivo. Por ese motivo doy prioridad a la libertad de expresión del medio y me protejo mediante mi libertad de elección. Si no me gusta, no lo veo, pero no impido ni critico que otros lo vean. Pero este caso es distinto.

Lo que me joroba de esta pantomima es que se está dando por hecho que un altísimo porcentaje de la población (la holandesa hoy, quien sabe si la nuestra mañana) es imbécil. Como hemos tragado tanta mierda, creen que podemos tragarnos cualquier cosa. Y están tan convencidos, que invierten en ello sabiendo que harán un buen negocio. Ganarán dinero demostrando que ya no somos humanos. Que somos unas grandes tragaderas ávidas de cuanta basura nos quieran echar.

Los mal llamados reality shows no muestran ninguna realidad. La realidad no son personas extremas en situaciones extremas. La realidad no puede reproducirse en un estudio atestado de cámaras. La única realidad de los reality shows es la insulsa vida de los espectadores que buscan en ellos una realidad que ya no son capaces de vivir. Una realidad triste y tan aburrida que ninguna cámara recoge.

Algunos partidos y asociaciones están intentando que se prohiba el programa. Espero que no lo hagan. Me duele por el mal rato que van a pasar los pobres concursantes. La desesperación muchas veces nos lleva a cometer locuras. Pero ahora tengo curiosidad. Como soy un ingenuo, confío en que el público holandés responderá con un aplastante desprecio ante el programa. En que superarán la pulsión morbosa y dedicarán la noche del viernes a pasear con los amigos, a leer, a follar, a ver películas de Van Damme.., a cualquier cosa menos a dar la razón a los señores de Endemol. Y si sucumben, si el gran donante logra una audiencia considerable, al menos perderé toda esperanza en el género humano y dejaré de preocuparme por tonterías como la paz o el medio ambiente mientras contemplo con deleite nuestro decidido y merecido paseo hacia la extinción.

La polémica por 'El Gran Show del Donante' llega a la Comisión Europea | elmundo.es

De grote donorshow

miércoles, 28 de marzo de 2007

La palabra más sabrosa

GaboMañana se clausura el IV Congreso Internacional de la lengua española, que se celebra estos días en Cartagena de Indias, Colombia. Con motivo de este evento se han celebrado varios actos en todo el país, como un sentido homenaje a Gabo por sus 80 años, pero de todos ellos me quedo sin lugar a dudas con uno: el Congresito de la lengua. Un evento celebrado en Medellín con el que se ha intentado acercar a los más pequeños a esta magnífica herramienta que nos permite entendernos, intercambiar información, decirnos cosas bonitas e incluso, cuando apetece, discutir.

Niños en el CongresitoEn el Congresito los niños pudieron pudieron jugar con las palabras y de esos juegos han salido tres listas en las que se destacan aquellas que ya no usan pero les gustaría desempolvar, aquellas que no existen pero les gustaría que aparecieran algún día en el diccionario y aquellas que les resultan más queridas.

Entre las Palabras desempolvadas encontramos alguna tan suculenta como el ágape, que aparece en primer lugar y que yo uso (y disfruto) en su segunda acepción; la sonora y maravillosa chéchere, que jamás había oído pero que usaré junto con mis queridas trasto y cachivache; el odioso embrollo o embeleco, palabra estupenda que describe algo igualmente estupendo que los niños acompañaron de un no menos estupendo ejemplo. Ahí va la lista completa:

Niñas en el Congresito1. Ágape: fiesta que estrecha lazos de hermandad
2. Cántaro: vasija para recoger agua
3. Chéchere: algo viejo y deteriorado.
4. Embeleco: un capricho chiquito. Así llama mi mamá a los novios de mi hermana.
5. Embrollo: dificultad sin resolver
6. Menjurje: ungüento revoltijo
7. Modorra: pereza
8. Pipiolo: persona joven
9. Pañolón: Pañuelo grande que se ponen las señoras para ir a la misa
10. Güete: contento con algo


Respecto a las palabras inventadas algunas son bastante sosas aunque otras merecen un sitio en el diccionario ¡ya! Me quedo con la divertida pionilla y la romántica lunor (¿o es el lunor? Junto con el nombre debieron apadir el género...). Reniego de la japisteza no por no requerirse una palabra para tan maravilloso sentimiento sino por su indudable e innecesaria raíz anglosajona (claro que, tratándose de niños, lo extraño es que ninguna palabra empieze por Mac). Insto a Norma a que se fije bien en la número 8 (¿a que es genial?) y propongo su uso en sentido irónicofigurado para quienes alardean de sus atributos sexuales (lo cual no tiene nada que ver con Norma, que conforme escribo veo en el embrollo en que me estoy metiendo y ya me la imagino tirándome un chéchere a la cabeza...). Pero sin duda la mejor palabra inventada de todas es la última: lumpereza (incluso la han adaptado a la ortografía correcta) que es algo que conozco tan bien como la marpereza, mierpereza, juepereza, viepereza... ¿sigo?

1. Flapigozo: expresión de felicidad, explosión de gozo.
2. Murmulencio: murmullo que se oye en el silencio.
3. Tristesinra: tristeza que se siente como un huequito en la barriga y que no tiene una razón definida.
4. Pionilla: peinilla que se usa para sacar piojos.
5. Lunor: luz de la luna.
6. Hormonado: muchacho que come mucho.
7. Fruspiro: suspiro ahogado y repetido que se produce al bañarse con agua helada.
8. Pinochada: mentira que va creciendo cada vez más
9. Japisteza: cuando se siente tristeza y alegría a la vez.
10. Lumpereza: pereza que da los lunes de ir al colegio o a trabajar.

Pero el instigador real de este artículo está en la última lista. Concretamente la palabra que encabeza la lista de las palabras más queridas por los niños. Y por mí, por supuesto. Es la palabra más sabrosa, negra, amarga, fuerte, olorosa, energética, adictiva.... Mmmmmmmmm! Una palabra que encierra mi mayor vicio, combina perfectamente con todos los demás e incluso con todas las palabras de la lista. Y qué sonora que es. Cho-co-la-te. Los niños son niños pero no tontos. Una vez hecha esta elección, es lógico que la siguiente sea música. A partir de aquí, les podemos perdonar lo que haga falta. Incluso que prefieran la carcajada a la sonrisa, que antepongan el amigo a la mamá, que se olviden del papá o que pongan el fútbol donde debió estar el amor. Eso sí. Mágico y soñar están ahí. Y ojalá no se muevan nunca. Ahí va la lista ordenadita.

1. Chocolate.
2. Música.
3. Crispeta.
4. Carcajada.
5. Soñar.
6. Fútbol.
7. Mágico.
8. Amigo.
9. Montaña.
10. Mamá.

Antes de irme corriendo a la cocina a pillar una buena pastilla de chocolate con 74% de cacao, destacar lo que me ha llamado la atención que los niños colombianos utilicen crispeta, palabra que en el castellano peninsular ha sido sustituida por palomita pero que sí se conserva en catalán. Es que los niños saben tanto...

Congresito de los Niños clausurado en Medellín - Web oficial del Congreso de la Lengua