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jueves, 9 de junio de 2011

La plaza es el mensaje

Lo que viene a continuación es un rollazo interminable y sumamente cargante en el que se relacionan los acontecimientos de las últimas semanas con una serie de lecturas que en principio no tenían nada que ver con el asunto. Si tienes algo mejor que hacer (dormir, jugar a la petanca, enviar cartas para que repongan Aquí hay tomate...) te recomiendo que no pierdas tu tiempo. Si no... En fin. Si no se te ocurre nada mejor que hacer te mereces leerlo y hasta hacer tu propia versión del artículo. Luego no digas que no te he avisado.


En las últimas semanas las plazas de medio mundo han congregado a miles de personas que se unían para mostrar su indignación ante un sistema que, consideran, les ha fallado reiteradamente. Si hubiera de escoger una sola palabra para describir este fenómeno sería sin lugar a dudas “complejo”. Ahí acaban todas mis certezas. La complejidad resulta evidente en un movimiento aparentemente caótica y a todas luces descabezado (en tanto que no hay una cabeza visible a quien señalar como responsable de las acciones que se llevan a cabo) pero no por ello desorganizado. No en vano estamos hablando de centenares de colectivos (unos más grandes, otros más pequeños) que ocupan el espacio público para crear un entorno ordenado de convivencia, trabajo, intercambio de experiencias, debate político, toma de decisiones… Las acampadas, sobre todo las dos más numerosas (Madrid y Barcelona) cuentan con distintas zonas de debate en las que se organizan comisiones de temas muy variados, disponen de centros de información permanente sobre cada una de estas comisiones, así como de zonas para el descanso, enfermería, comedor, biblioteca, recursos informáticos e incluso guardería. Algunas zonas de las plazas se reservan para que los participantes se expresen mediante grafitis, dibujos, pancartas… Hay incluso espacios/monumento dedicados a otras plazas que representan otras revoluciones como la islandesa o la egipcia. Y un gran espacio central que durante el día se dedica a la convivencia y el intercambio de impresiones entre acampados y gente de paso y al caer la tarde acoge la asamblea, espacio central del debate y lugar de toma de decisiones.
Debido quizás a la propia complejidad de lo que está ocurriendo resulta especialmente interesante ver las reacciones que las acampadas suscitan entre la clase política, los intelectuales o los medios de comunicación. La mayoría obviaron directamente el tema durante varios días. Como si aquello que no se podía entender no existiera. Otros lo menospreciaron considerando a todos los manifestantes como jóvenes radicales o perroflautas (desafortunada expresión que equipara a los acampados con una suerte de hippies trasnochados y pulgosos sin nada mejor que hacer que pasar el día drogados en mitad de una plaza). Algunos incluso quisieron ver tras las manifestaciones la mano negra de los partidos políticos que lanzaban a sus simpatizantes a la calle para intentar cambiar el rumbo de las elecciones municipales.
Y frente a ellos, otro grupo de intelectuales y periodistas (algún político también pero siempre con la boca pequeña y más con intención de ganar adeptos que realmente creyendo lo que dicen) totalmente identificados con la manifestación que han hecho de sus consignas bandera y no sólo han gritado a los cuatro vientos las bondades de la “revolución” sino que incluso han pasado por las plazas a mostrar su apoyo.
En definitiva, sea desde la inquina sea desde la adoración, sobre las manifestaciones se han expresado un sinfín de opiniones pero ninguno hemos sido capaces de explicar qué estaba pasando, por qué y, mucho menos, en qué va a quedar todo esto.
No voy a intentar, por tanto, explicar algo que no entiendo. Pero sí voy a intentar analizar alguna de las causas que explican por qué nos cuesta tanto entender qué está pasando.
De entrada, hay unos cuantos factores inusuales que resultan clave para entender por qué yerran tanto los que intentan explicar las concentraciones con los mismos argumentos que utilizaron para explicar otros movimientos sociales de gran incidencia política como el mayo del 68 francés, las manifestaciones del 13 de marzo de 2004 o incluso algunas de las recientes manifestaciones que se han vivido en el mundo árabe.

  • Dificultad para identificar al protagonista: no existe una persona ni siquiera una institución identificable que se pueda considerar la autora o inspiradora de los hechos. Colectivos como Democracia Real Ya estaban detrás de las manifestaciones del pasado 15 de mayo que desembocaron en la ocupación de las plazas, pero muchos de los participantes desconocían dicho colectivo y se habían sumado a partir de centenares de convocatorias diferentes que circulaban por las redes sociales. Los participantes de las manifestaciones no representan a nadie ni reconocen a nadie como su representante.
  • Multiplicidad de discursos: cada participante accede a la plaza bajo su propia consigna. No hay un lema que los una. Ni siquiera una idea común. Todos se sienten desamparados ante el actual sistema político y económico y consideran que no se les tiene en cuenta a la hora de buscar soluciones, pero cada cual pone el acento en aspectos distintos. Esto se hace evidente al ver la cantidad de hashtags (etiquetas en twiter) diferentes que se están utilizando. Cada etiqueta representa una idea, una línea de trabajo, un colectivo… sólo en twiter. Y hay cientos. Cuántas habrá fuera de esa red social.
  • Múltiples focos informativos: cada ciudad tiene su acampada y, con el traslado de las protestas a los barrios o a las puertas de las embajadas y consulados en todo el mundo el número de manifestaciones aumenta cada día. Y cada lugar, dado que no hay una organización que centralice las acciones, se autoregula y pone el acento en aspectos distintos. Esto hace que los medios tengan dificultades para seguir el movimiento más allá de lo que ocurre en Madrid y Barcelona. Por si fuera poco, buena parte de los debates tienen lugar de forma totalmente descentralizada en las redes sociales.
  • Acontecimientos las 24 horas: a todas horas hay comisiones y asambleas en algún lugar, y constantemente se intercambia información por las redes sociales. Es imposible estar al día de todo lo que ocurre en todas partes y también contrastar las informaciones que se van produciendo.
  • Analógico y digital: en un país donde las tecnologías de la información aún están muy lejos de ser algo generalizado (para empezar, apenas hace dos años que existen las tarifas planas de conexión a internet móvil) la red está siendo un espacio fundamental de movilización e intercambio de ideas. Sin embargo, en paralelo, la mayoría de las acampadas se organizan de forma totalmente artesanal, con lápiz y papel, voto a mano alzada y, en el mejor de los casos, un megáfono.

30 años después de la muerte de Lasswell nos encontramos con un fenómeno en que no sabemos qué, quién, dónde, cuándo y cómo pasan las cosas. De este modo resulta terriblemente complicado acercarse siquiera a entender por qué.

lunes, 23 de mayo de 2011

Elecciones sin revolución

La fiesta de la democracia ha acabado. En estos momentos miles de ciudadanos observan los resultados de las elecciones desde la alegría de sentirse ganadores (ellos sabrán de qué), la frustración de la derrota (idem) o la mayor de las indiferencias. Algunos están de fiesta ante las sedes de los partidos que los representan. Otros ocupan plazas precisamente porque no se sienten representados por los partidos. Hay 68.286 personas que pueden celebrar que tienen trabajo como concejales los próximos cuatro años. De ellos, un buen porcentaje lo serán por primera vez, lo que implica que hay unos cuantos miles de personas que acaban de perder el trabajo de sus últimos cuatro (o más) años. Sin embargo estos datos apenas afectarán a los datos del paro. Pocos llegan a concejal desde las listas del paro y menos áun pasan por el Inem tras dejar el cargo. 8.084 personas accederán a una alcaldía en los próximos días aunque sólo unos cuantos miles lo saben ya a ciencia cierta. Otros tendrán que pactar. Y en adelante... ¿En adelante qué?

miércoles, 6 de abril de 2011

Indignado

Hacía tiempo que no me asomaba al blog. Es algo habitual en mí. Uso las herramientas de que dispongo cuando y como me apetece y no me fijo (ni permito que me fijen) objetivos ni plazos. Y las cosas que se hacen cuando apetecen, suelen quedar en un segundo planto cuando falta tiempo. En este caso ha habido que añadir otra falta a la de tiempo y na ha sido la falta de ganas sino la falta de ánimo. Me viene ocurriendo desde hace un tiempo que me acuerdo de escribir cuando algo me cabrea. La indignación me despierta el hambre de gritar a los cuatro vientos cómo me siento y por qué. Seguramente el primer medio de comunicación lo improvisó un troglodita cabreado con las dificultades de encontrar cuevas decentes o lo chungo que se había puesto encontrar algún bicho decente que pasarse por la piedra pulimentada (por supuesto, estoy hablando de cazar cosas para comer).

lunes, 2 de noviembre de 2009

Subvención de la cultura o la cultura de la subvención

Sobre lo que ocurre con el dinero público, nuestro dinero, hay estos días en la prensa un buen puñado de ejemplos que nos permiten hacernos una idea. El hecho de que unos cuantos casos salgan a la luz en un corto periodo de tiempo, y que esto ocurra en unos tiempos en que la gente se queda en la calle porque parece ser que hay crisis, hace que la información cobre mayor relevancia. Pero lo triste del asunto es que no vemos más que la punta del iceberg. Como las moscas a la mierda, los chorizos acuden en tropel a donde hay dinero. Y el vertedero más suculento es el dinero que manejan personas a quienes no les pertenece y por tanto ponen menos celo en su cuidado. El dinero público, el que parte de nuestros impuestos, es dinero de otros. Y el dinero de otros (aunque en definitiva lo hayamos pagado nosotros) puede adjudicarse con una ligereza que no tendríamos ni con una moneda que acabamos de encontrar en un charco.

No voy a hablar de los recientes casos de corrupción. Al menos no hoy. Tampoco voy a sumarme a la corriente fácil de meter a todo el mundo en el mismo saco y afirmar que todos los funcionarios públicos, todos los políticos... etc. roban a manos llenas. Ni siquiera una mayoría. Acepto que la gente sin escrúpulos es una minoría (si fuesen mayoría al menos el dinero se distribuiría más equitativamente) y que los que finalmente son desenmascarados una minoría dentro de la minoría. Este artículo no pretende demonizar a nadie. Más bien abrir una reflexión a partir de un caso, anecdótico si se quiere, que acaba de llegar a mi conocimiento.

He recibido una carta en la que se expone el caso de una película que no habéis visto ni, por lo que leo, veréis nunca. Una película que ha sido posible en buena parte gracias a subvenciones destinadas a promover la cultura. Unas subvenciones que, personalmente, encuentro muy adecuadas, siempre y cuando quien las otorga se tome la molestia de comprobar que el dinero entregado sirve para aquello para lo que fue concedido. En mi opinión, una subvención a una película pretende, al menos, que una obra cuya rentabilidad económica no está clara tenga la oportunidad de llegar al público y ser vista por la gente. Una oportunidad que nunca tendría si el único criterio para ser financiada fuera su potencial comercial. Pero como ya he dicho ni habéis visto ni veréis la película. Entonces... ¿Para qué se subvenciona?

En la carta que adjunto se explica todo lo ocurrido. Podréis haceros vuestra propia composición de lugar. Me limitaré a añadir un par de elementos de contexto que me parecen importantes. En estos días hay una gran polémica con motivo del desarrollo de la ley del cine. Como siempre en estos casos, la parte más controvertida es la referida a la política de subvenciones al cine español. Algunos cineastas han visto en esta ley una clara apuesta por las grandes producciones dejando de lado los pequeños proyectos. Podéis leer al respecto aquí. Algunos podrían pensar que los hechos que motivan esta carta dan argumentos a favor de la nueva ley. Sería una lectura simplista. Es evidente que es necesario regular y revisar constantemente los sistemas de ayudas. Pero más evidente aún es que ninguna ley de ayudas sirve absolutamente de nada si luego no se disponen instrumentos para controlar que los objetivos de las citadas ayudas se cumplan. Mientras discutimos a quién hay que subvencionar, hay hordas de chupópteros estudiando el texto de la ley para descubrir cómo beneficiarse de las subvenciones sin hacer nada. Mientras tanto, los que no entienden de subvenciones pero las necesitan para hacer realidad sus proyectos se ven entre la espada de gente sin escrúpulos pero con contactos y la pared de una financiación cuyas puertas sólo pueden abrir los de la espada. En fin. Mejor leed la carta y ya la comentaremos.

Más información:

'Soy un pelele', radiografía del cine español y sus subvenciones, en internautas.org
Página oficial de Soy un Pelele

CARTA ABIERTA DE DENUNCIA DEL ESTRENO FANTASMA DE “¡SOY UN PELELE!”
Rogamos la difusión pública de esta nota en la que denunciamos cómo el esfuerzo colectivo para realizar una película se ve tristemente frustrado cuando una productora se aprovecha de la posibilidad de obtener ayudas públicas sin tener obligación de estrenar sus películas de la manera adecuada. Éste es el caso de “¡Soy un pelele!”, de Hernán Migoya, que ha sido estrenada silenciando su difusión, sin convocatoria de prensa y sin siquiera disponer del cartel oficial del filme para su exhibición en las salas. La productora del filme, Iris Star, con sus responsables al frente, Pere Domènech y su hijo Jaume Domènech, nunca han mostrado interés en la exhibición apropiada de la película, salvo para obtener subvenciones.

Desde el inicio del proyecto, en el año 2003, éstos son los desmanes cometidos por Iris Star:
Oscurantismo absoluto en torno al presupuesto de la película. Ni siquiera el director supo nunca de qué dinero disponía para realizar el filme.
Se falseó públicamente el número de semanas destinadas al rodaje de “¡Soy un pelele!”. En el dossier de prensa oficial, figuran como 8 semanas las dedicadas a la filmación, cuando en realidad fueron 27 días (menos de 6 semanas), concretamente del 2 de noviembre al 12 de Diciembre de 2006.
Una semana antes de empezar a rodar, pretenden despedir al director, porque les parece excesivo el planning de rodaje. Más tarde averiguaremos que su intención era reducir la filmación a quince días, la mitad de lo requerido.
Interrupción abrupta y sin explicaciones del rodaje, a tres días de concluirse el plan previsto de 6 semanas.
Retención por parte de la productora del material rodado a lo largo de un año entero, sin posibilidad de acceso a él para su visionado y montaje.
Transcurrido más de un año, el montaje ya realizado demuestra que, efectivamente, se necesita rodar el material extra que la productora se negó a filmar en su momento, para la completa comprensión del guión. Se reúne de nuevo a todo el equipo, más de doce meses después, para un solo día de rodaje concedido. Iris Star deja a deber el sueldo de casi todo el personal movilizado -incluyendo la remuneración por la banda sonora a los músicos y al compositor principal, Refree, que ha trabajado sin contrato hasta hace escasos días-, y sólo accede a empezar a pagarlo cuando se le echa encima el límite de fecha de estreno, impuesto por los organismos públicos.
Seleccionada en la Sección Oficial No competitiva del Festival Internacional de Cinema de Catalunya SITGES 2008, los responsables de Iris Star no hacen acto de presencia en la rueda de prensa del filme, temerosos de que algún periodista saque a colación el hecho de que la película ha sido rodada enteramente en lengua castellana. Se le solicita al director por parte de los responsables de la productora que, de ser requerido sobre el tema, afirme una falsedad: que la película sí está rodada en catalán, pero extremadamente bien doblada al castellano. Todo lo cual induce a sospechar que se esconden intereses ocultos referentes a ayudas económicas de la Generalitat de Catalunya, destinadas a proyectos rodados en lengua catalana.
Un año después de su exhibición en el Festival de Sitges, Iris Star no tiene más remedio que estrenar la película, presuntamente para cobrar otra subvención que así lo estipula. Debido a la presión del propio director, la productora se ve obligada a salir con varias copias, siete en total -trece menos de las acordadas inicialmente-, pero sin duda más de las que la empresa hubiera deseado.
Iris Star, en todo momento, evita implicarse en promocionar el estreno:
-A día de hoy, todavía no se ha difundido el tráiler de la película, montado por el propio director para su difusión por televisiones y cines, igual que tampoco se difundió a los medios correspondientes, meses atrás, el videoclip del tema principal de la película, compuesto por Refree e interpretado por los Hermanos Calatrava.

-El estreno no se confirma a la propia jefa de prensa hasta dos semanas antes de la fecha escogida, impidiendo una labor adecuada de promoción, hasta el punto de motivar la dimisión de esta profesional.

-La rueda de prensa, prevista para el día jueves 22 de Octubre de 2009, se llevó a cabo en el Cine Palafox de Madrid sin haberse realizado absolutamente ningún comunicado oficial previo ni nota de prensa a los medios, debido a lo cual únicamente asistieron dos periodistas, gracias a que habían sido avisados por el propio director. La prensa, sencillamente, no fue convocada por Iris Star.

-A la rueda de prensa tampoco pudo acudir el protagonista masculino de la película, Roberto Sanmartín, debido a la incompetencia a la hora de reservarle un vuelo desde las Islas Canarias, dado que se facturó el billete a su nombre artístico.

Tan poco interés ha manifestado la productora en la difusión del estreno de la película, que ni siquiera dispone de las copias del cartel original de la misma para suministrarlas a las salas de exhibición. Red Pixel, el estudio de diseño original del cartel -ya utilizado en el preestreno en Sitges-, se negó a facilitar de nuevo los archivos para la impresión del mismo ya que Iris Star no ha efectuado el pago del trabajo realizado –motivo por el cual ha sido realizada la correspondiente demanda judicial-, por lo que la productora improvisó por su cuenta y riesgo la recreación de un cartel imitativo, utilizando sin permiso de su autor las mismas fotografías en baja resolución. El resultado es tan grotesco que incluso han olvidado incluir en el cartel “recreado” el nombre de la protagonista femenina, la actriz Rosa Boladeras.

No existe mayor frustración para un equipo de artistas que el hecho de que el fruto de su trabajo ¡de seis años! sea maltratado y silenciado de tal manera, en aras de la especulación económica.

Toda obra artística financiada con ayudas públicas debe tener la oportunidad de ser accesible al público. Todos los ciudadanos deben tener la posibilidad de conocer y, si lo desean, acceder a aquellas obras que se han co-financiado con sus impuestos: en este caso, se ha impedido cualquier posibilidad de que el público tenga conocimiento de su existencia para decidir si desea acudir al cine o no.

¿Tiene derecho una productora que recibe dinero de las administraciones públicas a realizar estrenos fantasmas, falseando presuntamente el idioma de filmación original, reduciendo al máximo las partidas destinadas a rodaje, tiradas de copias y difusión, e impidiendo que el público pueda acceder a la obra realizada con ese dinero?

Creemos que es una vergüenza que, mientras la inmensa mayoría de las productoras de nuestro país luchan para mejorar la calidad y difusión de nuestro cine, exista aún una productora subvencionada a la que le conviene económicamente no estrenar como es debido sus películas, dando la espalda olímpicamente a los posibles ingresos de taquilla y obteniendo beneficios con la mera especulación de las ayudas obtenidas desde las administraciones públicas.

¿Por qué Iris Star ha cambiado de nombre como empresa (ahora es Stardis) y de sede social? ¿Tal vez pretende burlar el rastro de sus acreedores y así seguir solicitando nuevas subvenciones para nuevos proyectos que tampoco llegarán a conocimiento del público?

Obviamente, los abajo firmantes no estamos cuestionando la política de subvenciones públicas ni la profesionalidad de nuestro gremio, solamente la existencia de un caso absolutamente aberrante, que por su desfachatez avergüenza al resto del sector audiovisual.

Por todo ello, solicitamos que los medios de comunicación investiguen a fondo y denuncien llegado el caso, y que los organismos públicos garanticen la transparencia en la concesión de subvenciones para asegurar la sana administración de las ayudas otorgadas, y para que no se repita la existencia de empresas parasitarias en nuestra industria.

A 26 DE OCTUBRE DE 2009, FIRMAN ESTA DECLARACIÓN:

Hernán Migoya, director de ¡Soy un pelele!
Roberto San Martín, actor de ¡Soy un pelele!
Rosa Boladeras, actriz de ¡Soy un pelele!
Francisco Calatrava, actor de ¡Soy un pelele!
Jordi Ordóñez Medina, actor de ¡Soy un pelele!
Francesc Prat Dutren, ayudante de dirección de ¡Soy un pelele!
Bernat Bosch, director de fotografía de ¡Soy un pelele!
Nina Caussa, ayudante de producción de ¡Soy un pelele!
Anna Pons García, figurinista de ¡Soy un pelele!
Làia Serra Ros, Dpto. de Arte de ¡Soy un pelele!
Pepe Cáceres, técnico de sonido de ¡Soy un pelele!
Fric López Verdeguer, key grip de ¡Soy un pelele!
Juan Andrés Pegoraro, foto fija de ¡Soy un pelele!
Anna Solanas Santacana, sonorista de ¡Soy un pelele!
Luis Roldán, diseñador cartel de ¡Soy un pelele!

Y por si alguien es de la opinión de que hay películas cuyo derecho a la exhibición no merece ser defendido, incluimos una crítica de Fausto Fernández, crítico y especialista de la revista Fotogramas; crítica que no será nunca publicada, pues Iris Star no avisó a tiempo del estreno de ¡Soy un pelele! Fausto Fernández ha tenido la gentileza de enviarnos el texto y permitirnos su difusión pública.

¡Soy un pelele! ***** por Fausto Fernández

Yerma pradera pecadora de amnésicos sin talento, la producción cinematográfica nacional sigue empeñada en relegar al olvido a quienes osan cabalgar(la) a contracorriente...del stablishment avinagrado, que no del público, ese forastero siempre ignorado, Hernán Migoya, forastero en tierra extraña (y enemiga) habla en su estupenda puesta de largo en el ídem de lo que los castrantes convencionalismos hacen a nuestro cine y a nuestras vidas: nos reprimen.

Olvidar para vivir, así sucede en estas ricas peripecias de un director sin identidad y una guionista enamorada reescribiendo ese amor a golpe de revisión, ácrata y juerguista, de géneros. Encuentro en París, esa capital metacomedia de Richard Quine, se erige en el eje del film, aunque no en el único: en esta vitalista, cínica, divertida y emocionante coda romántica al ozorismo o a Russ Meyer (convierte a los nudies sesenteros en versos hipnóticos que rimarían con Alain Resnais o Marguerite Duras), el Pierrot el loco de Godard se da la mano (o le mete mano) a Billy Wilder o a Howard Hawks (Su juego favorito pasada por el universo farrellyano).

Generosamente, ¿suicidamente?, el francotirador padre de Kung-Fu Kiyo o DNI reúne en su película las señas de identidad de la comedia de enredos sexuales-sentimentales para que el público se tronche. Es verdad que ya muchos no están para simplemente reír sin coartadas intelectualoides, y que ¡Soy un pelele!, en términos billywilderianos, estaría más cerca de la odiada Bésame, tonto que de Con faldas y a lo loco, pero incluso ahí resalta el estilo y el compromiso del autor.

Dirigida con rabiosa e inocente libertad, con una asombrosa elegancia (o procacidad) y con una magia especial en el trato con los actores (si hubiera justicia el gran Calatrava se llevaría un Goya), ¡Soy un pelele! es una pequeña gran maravilla, un puñetero regalo para amantes del cine que está, sí, puñeteramente vivo. Un canto de cachondo amor libertario que no nos gustaría olvidar jamás. Para quienes odien ser peleles del mainstream.

Lo mejor: está escrita, dirigida e interpretada desde el corazón, y la entrepierna.
Lo peor: su pésimo estreno comercial.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La quimera de la objetividad

objetividad.
1. f. Cualidad de objetivo.

objetivo, va.
1. adj. Perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir.
2. adj. Desinteresado, desapasionado.
3. adj. Fil. Que existe realmente, fuera del sujeto que lo conoce.
4. adj. Med. Dicho de un síntoma: Que resulta perceptible.
5. m. objeto (‖ fin o intento).
6. m. Mil. Blanco para ejercitarse en el tiro.
7. m. Mil. Cualquier otro objeto sobre el que se dispara un arma de fuego.
8. m. Mil. Punto o zona que se pretende alcanzar u ocupar como resultado de una operación militar.
9. m. Ópt. Lente o sistema de lentes de los instrumentos ópticos, colocado en la parte que se dirige hacia el objeto.

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QuimeraLa historia de la paleontología está plagada de grandes hallazgos y algún que otro chasco que, visto con perspectiva, resulta gracioso, aunque no debió serlo para los implicados. Cuando esta ciencia empezaba a constituirse como tal y las técnicas que hoy utilizamos no existían o estaban en fase de desarrollo, era relativamente frecuente que, ya bien por ignorancia del aspirante a paleontólogo, por anteponer el ansia de un gran descubrimiento al rigor o, en ocasiones, por una bromilla de alguno de sus colegas (apasionante la historia del Hombre de Piltdown), en ocasiones saltó a los medios un hallazgo espectacular que a la postre se quedaría en espectacular fiasco. Entre ellos tenemos el caso de las quimeras: unos interesantísimos fósiles que hicieron aflorar las más descabelladas teorías sobre la evolución pero que, a la postre, quedaron en nada al descubrirse que no se trataba de los huesos de un único animal extraño sino de varios de sobras conocidos. Así, por ejemplo, al igual que la quimera de la mitología era cabra, serpiente y dragón en uno, el fósil que fuera durante un tiempo bautizado como homogalluscapri pasó en un santiamén de eslabón perdido a marranote perdido cuando se descubrió que eran los huesos de un hombre neolítico que murió al derrumbarse un pajar mientras fornicaba con una gallina ante la mirada expectante de una cabra.

GallifanteLo del homogalluscapri es una chorrada que me he inventado (lo del fósil, no el hecho de que... en fin) pero la cuestión es que los humanos seguimos montando quimeras tomando de aquí y de allá lo que nos conviene para montar una fantasía interesante para el que la escucha a partir de varias realidades interesantes para los que las vivieron. Lo de la objetividad viene a ser más o menos eso.

Hasta la saciedad he repetido que la objetividad no existe y, de existir, no tendría el más mínimo interés. Es una afirmación en dos partes, aunque rara vez nadie se para a escuchar la segunda. Voy a explicarme a ver si zanjamos el tema de una vez.

Dice el diccionario que la objetividad es la cualidad de objetivo, y objetivo es aquello relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar y sentir. Algo desinteresado y desapasionado. Para los filosófos, y yo no lo soy, es algo que existe realmente fuera del sujeto que lo conoce. Si fuera filósofo empezaría a preguntarme si un arbol que cae en mitad del bosque ha caído realmente o ha hecho ruido. Pero como no lo soy me preocupan las ardillas que tenían su nido en el pobre árbol y no tengo valor de ir a preguntarles su opinión. Como lo que soy es una persona interesada en las personas y en cómo se comunican me centraré en la objetividad en el campo que nos ocupa que es el de la comunicación y, más concretamente, el de los medios de comunicación.

Todos los códigos deontológicos de la profesión periódistica, así como los libros de estilo de todos los medios de comunicación hacen en algún momento referencia a la total sumisión al principio de la objetividad, como una condición irrenunciable de todo trabajo periodístico que merezca tal nombre. Lo que no es objetivo es una manipulación inaceptable que se debe denunciar a toda costa. Y para lograr dicha objetividad se encomiendan a las llamadas "rutinas de producción" que implican básicamente contrastar todas las informaciones y aportar cuanto menos dos fuentes fiables que corroboren la veracidad de los hechos narrados. Los hechos, contrastables y corroborables son la base del periodismo riguroso.

El niño y la serpienteDesgraciadamente para los fanáticos de la objetividad, el hecho objetivo, la realidad filosófica, no pueden comunicarse. El único modo de conocer una realidad es vivirla y conocerla supone percibirla mediante los sentidos y entenderla. Es decir. Relacionarla con lo que ya sabemos e interpretarla en función de nuestros conocimientos previos. Nuestra experiencia de un hecho es, por definición, subjetiva, en tanto que no podemos desligar dicha experiencia de las experiencias previas. Por eso los filósofos que hablan de objetividad se refieren a la realidad "fuera del sujeto que lo conoce" ya que dentro, al entrar en contacto con lo que conocía previamente, ya es subjetiva. Por este motivo dos personas que han vivido una misma situación reaccionan y, evidentemente, la relatan de maneras absolutamente distintas. Por poner un ejemplo, ante el sonido del cascabel de un crótalo, alguien que siempre ha vivido en una ciudad y no ve documentales de La 2 sentirá curiosidad por el extraño sonido, un especialista en serpientes sentirá una enorme emoción ante la posibilidad de encontrar un ejemplar interesante, alguien a quien haya picado una cascabel sentirá pánico y un niño buscará emocionado el sonajero con el que jugar. Cuatro personas ante una misma realidad, cuatro experiencias distintas.

Pero quizás estoy hilando muy fino. Vamos a olvidarnos de filosofías y a suponer que nuestros periodistas se encuentran ante un hecho que podrían vivir todos más o menos del mismo modo. Para cumplir con su mandato de objetividad deben acercarse al hecho de forma desapasionada y desinteresada, con independencia de la propia forma de pensar y sentir. El buen periodista, el periodista objetivo, es el que nos informa sin pensar ni sentir. Determina qué es noticia sin pensar ni sentir. Le da una jerarquía dentro del medio sin pensar ni sentir. Le asigna un espacio y unos recursos gráficos sin pensar ni sentir y, sin pensar ni sentir, busca las fuentes de información, contrasta, corrobora... para, siempre sin pensar ni sentir, escribir finalmente una pieza totalmente objetiva. Qué profesión más interesante la que puede realizarse sin necesidad de pensar ni sentir.

Todas las acciones que he nombrado, seleccionar, jerarquizar.., son labores constantes del periodista y son, por definición, subjetivas. A mi medio de comunicación le pido que me proporcione información de aquellos acontecimientos que ocurren más allá de mi entorno inmediato pero que pueden afectarme de algún modo. y espero que al hacerlo se tomen la molestia de pensar y sentir qué puede serme más útil. Y si lo hacen apasionadamente, tanto mejor. Que lo hacen interesadamente debo presuponerlo si no soy un ingenuo ya que los medios son empresas con objetivos (económicos, políticos, sociales...) claros y sus redactores personas con intereses e inquietudes. Y no hay nada más estúpido que pretender que alguien pueda olvidarse de sus inquietudes e intereses mientras hace su trabajo. Yo no puedo. Y por eso trabajo inquieta e interesadamente, pensando y sintiendo sin parar. De una forma total y naturalmente subjetiva.

Paul NewmanPero vamos a suponer, a mucho suponer, que hubiera una forma de observar el mundo y explicarlo sin pensar y sin sentir. Que pudiéramos encontrar unos criterios totalmente objetivos y el modo de aplicarlos en la observación de la realidad. En tal caso, un mismo hecho sólo podría explicarse de una forma. La forma objetiva. Un trabajo mecánico que ante unos mismos hechos nos daría resultados idénticos. Y así, las noticias se organizarían siguiendo funciones matemáticas que otorgarían importancia a los hechos en función del número de personas afectadas, la proximidad del hecho con el lector, el porcentaje de probabilidades de que algo así ocurra... En ese medio, probablemente, que unos señores derribaran un muro en Berlín hace unos años no tendría cabida ya que se derriban muros a diario. O la muerte de un señor de ochentaytantos años se descartaría por habitual, aunque dicho señor hubiera enternecido a medio mundo años atrás con sus penetrantes ojos azules y su sonrisa socarrona. El día que inventen el medio totalmente objetivo, que no me busquen. Será una noticia que de forma sentida, pensada, interesada y apasionada no querría escribir jamás. Porque cuando le pido a alguien que me cuente algo espero que ponga en ello su punto de vista, su experiencia, sus conocimientos previos, sus sentimientos y, por supuesto, toda su pasión. Qué menos.

(Imágenes añadidas a petición de la concurrencia)

Aprovecho para recomendar a todos los interesados en este tema la lectura del libro Les trampes dels periodistes, de Francesc Burguet i Ardiaca.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El Camino de la objetividad

Han pasado unas cuantas semanas desde que prometí dar mi punto de vista sobre la polémica creada en torno a Camino, de Fesser. Lo heido dejando porque, ya me conocéis, he estado muy liado. Pero también porque me daba la sensación de estar haciendo un "post por encargo" y no me apetecía nada. Cuando vi la película me emocionó muchísimo y me tocó bastante las narices que "la realidad" me estropeara una buena peli. Cuando voy al cine, que es mucho menos de lo que me gustaría por falta de tiempo y presupuesto, voy a disfrutar. Ese es el objetivo número uno. Y por lo tanto me centro exclusivamente en lo que me hace disfrutar. Hubo un tiempo en que iba a los espectáculos a trabajar. Tenía que escribir un artículo o una crítica o analizar si me serviría para una clase. El resultado es que importaba todo menos disfrutar del momento. Que si el argumento se correspondía con la historia, que si los intérpretes transmitían, que si el montaje era polémico... Un rollo.

Hoy procuro sentarme en mi butaca y centrarme sólo en lo que me conmueve. A veces es la música. A veces una sonrisa. Otras una lágrima. Una imagen. Un guiño. Da igual. Decía en un comentario al anterior post que algunos podrían acusarme de ser el idiota que cuando señalan a las estrellas mira al dedo. La verdad es que muchas veces lo soy. Hay ocasiones para disfrutar del cielo y otras para disfrutar de un dedo. Seré un imbécil, pero soy así.

Desgraciadamente hay ocasiones en que mirar el dedo es una auténtica estupidez. Quizás, por mirar un dedo que puedes ver en cualquier otro momento (¿tu propio dedo?) te pierdas la lluvia de estrellas que ocurre una vez al año. O el paso de un cometa que no volverá hasta dentro de 76 años. Pero, ¿quién dictamina qué acontecimiento es el paso del Halley o un avión volando bajo? ¿Podemos objetivar la importancia de algo? Un buen rodeo para llegar al tema de la objetividad que es lo que me preocupa hoy.

Mientras yo escribía sobre lo que me hizo sentir una historia de una niña enferma que descubre el amor ante la atónita mirada de un montón de adultos que no ven en ella sino el reflejo de sus propias obsesiones, en el mundo real se producía un debate sobre quién ha utilizado a quién en el caso de Alexia, la niña a la que Fesser dedica su película y cuya vida, muerte y posterior proceso de beatificación le inspiró la historia.

La familia de Alexia pidió que su nombre no apareciera en la película. El nombre aparece en la dedicatoria final. Muchas personas acusan a Fesser de aprovecharse de la niña para atacar aquello en lo que ella creía. Por su parte, Fesser asegura que es Opus Dei quien se ha aprovechado de Alexia para sus propios fines y afirma que las críticas a la película son la prueba de que con ella ha dado en el clavo. "Seguramente -dice Fesser en una carta abierta- lo que más les desconcierte es el tratamiento objetivo e inusualmente nítido de su modus operandi y les irrite sobremanera comprobar que hasta el último detalle de lo que en Camino se muestra es un reflejo bastante exacto de la realidad, de sus contradicciones y de su insostenible discurso". Antes, durante la promoción de la película, el director la había calificado como una "radiografía del Opus Dei".

Sigo pensando que la película es fantástica y recomendándola a cuantos me preguntan por ella. Pero desconfío de todo el que se llena la boca con palabras como objetividad, reflejo exacto, radiografía, realidad... He visto casi todas las películas (todos los largometrajes y varios cortos) de Fesser y he disfrutado muchísimo. Me parece que tiene una forma muy especial de contar historias que hace mucho bien a nuestro cine. Y por supuesto creo que, como todo artista, tiene todo el derecho del mundo en dar su opinión sobre el Opus, la Iglesia o cuanto considere apropiado. Lo que personalmente me cuesta entender es porqué esa obsesión suya (y de tantos otros) en vender SU verdad como LA verdad. Si hubiera dicho que se trataba de su visión de la vida de Alexia y de Opus Dei, ¿valdría menos la película? Si hubiera cumplido el deseo de la familia de no nombrarla en los agradecimientos, ¿sería menor su impacto? ¿Y realmente podemos utilizar la reacción de determinados sectores de la sociedad como un indicador de la veracidad de la película? El argumento me recuerda a las discusiones del patio del colegio cuando algún listillo soltaba un "a fulanito le gusta menganita" y cuando el tal fulanito se le abalanzaba decía "si se enfada es que es verdad". No había que ser un lumbreras para anticipar la reacción del Opus ante la película. ¿Realmente le ha sorprendido algo de lo ocurrido a Fesser?

La cosa se complica aún más cuando pensamos que una película es, entre muchas otras cosas, un producto de consumo que busca un beneficio económico. La polémica aumenta la repercusión del producto y se convierte en publicidad gratuita. Todo el que hubiera querido contar la historia que nos propone Fesser se habría encontrado con dicha polémica así que no es de extrañar que la productora lo tuviese en cuenta y lo aproveche. Lo que me parece absurdo es hacerse los sorprendidos. Porque, aparte de la película en sí, nada en esta historia es sorprendente. No es sorprendente que hoy en día se haga una película en la que Opus Dei sale mal parado. No es sorprendente que éstos reaccionen atacando la película. No es sorprendente que se genere una gran polémica que lleve a más gente al cine. Lo sorprendente es que yo esté perdiendo el tiempo con esto.

Algún día hablaré de lo que realmente me interesa de toda esta historia. Será cuando me apetezca y en varios posts. Os adelanto algunos temas:

- De una vez por todas y para no volver a darle vueltas al asunto: la objetividad no existe y, de existir, no tendría el más mínimo interés
- El tsunami de lo políticamente correcto, el papel de los intelectuales en la sociedad contemporánea y la idiotización de las masas
- Tolerancia y religión

Y de paso, algún día retomaré el tema de la infidelidad que dejamos a medias, diré alguna cosa sobre las elecciones en Estados Unidos, hablaré de derechas e izquierdas y, si me animo, hasta de la crisis.

Fesser: "El Opus Dei ha utilizado para sus fines el calvario de una niña" · ELPAÍS.com

Web de Opus Dei

Página de los amigos de Alexia González Barros

domingo, 19 de octubre de 2008

Cogito ergo sum... credo

Estaba dándole vueltas a la continuación del anterior artículo, pensando en el concepto de fidelidad, en la biología del amor, en la metafísica del sexo... cuando me he dado cuenta de que no me apetecía lo más mínimo.

Llevo una temporada algo preocupado por mi visión del mundo. Se dice que las personas son más radicales en su juventud y que conforme pasa el tiempo van suavizando sus posturas al cerciorarse de que no todo en la vida son blancos y negros (ahora no sé si se dice o lo digo yo, pero eso importa poco). Yo no tengo memoria de cuándo fue la última vez que estuve seguro de algo, así que a veces tengo la sensación de haber sido siempre viejo. Sin embargo, no sé si habré empezado a chochear o si estoy rejuveneciendo, porque de un tiempo a esta parte noto que me estoy radicalizando. Cada día soy más inflexible en mis postulados. El problema es que me he vuelto un radical del gris. Me explico.

Jóvenes o adultos, de viva voz o por escrito, en directo o en diferido, en persona, por la tele, por todas partes y de cualquier manera me topo con personas que muestran una envidiable seguridad en sus creencias hasta el punto de preponderar hasta las pausas que se toman para respirar. En frío es algo que me parece admirable pero en caliente me hierven la sangre hasta arrancar de mis entrañas al talibán de las medias tintas que oculto con todas mis fuerzas. Puede que no sepa de qué diablos están hablando, pero sé a ciencia cierta que no tienen razón. Al menos, que no tienen LA razón. Y es extraño porque al cabo del día esos momentos (cada vez más) son los únicos en los que no me arrepiento de decir SÉ en lugar de CREO. Y esto me lleva a una las cosas que más me sorprenden de mí mismo y es que intuyo que me estoy convirtiendo en una persona de fe.

Hace unos años, cuando me preguntaban si tenía fe respondía que no. Más bien esperanza. No estaba seguro de creer en lo que creía, pero la sola idea de que fuera posible me parecía hermosa. ¿Crees en la bondad del ser humano? No, pero sería precioso. ¿Crees que hay vida en otros planetas? Ni idea, pero molaría. Luego pasaba mi no fe por el tamiz de la ciencia y llegaba a conclusiones plausibles como que el análisis de la historia, si bien parece indicar que han habido muchísimas personas bondadosas, la suma del impacto de sus acciones suponen un porcentaje irrisiorio comparado con el de las personas que no lo son, o que la magnitud del universo y la reiteración de sus reglas visibles induce a pensar que la probabilidad de que haya vida en otros planetas es estadísticamente mayor que la de que hayamos ido a parar a una anomalía única e irrepetible.

Y tras tanto tiempo esperando y sin creer, ahora resulta que creo lo que antes sabía y sólo sé que los demás se equivocan en lo que creen saber. Tal vez, más que un hombre de fe, soy un gilipollas. Pero la verdad es que me entretengo mucho en estas divagaciones socraticocartesianas. De lo que sí estoy bastante inseguro es de que parte de mi problema, de esta afición al gris, podría radicar en una empatía enfermiza. Empatitis, podríamos llamarlo.

Vivo con la delirante sensación de que me resulta fácil ponerme en la piel del otro. No digo sentir lo que siente el otro, que sería mucho afirmar. Pero sí hacerme una idea, cuanto menos, de las dudas que deben aquejarle. Y así creo entender lo que dicen o hacen cuantos me rodean, pese a que no lo comparta ni, en muchos casos, pueda justificarlo. Simplemente lo explico. Me lo explico. Y en ocasiones doy la murga a quien comenta el error de escucharme para intentar explicárselo. Además de gilipollas, soy un plomo.

Todo este rollazo viene (no el hecho de enrollarme en estos temas sino el de soltaros el rollo precisamente hoy) porque el sábado disfruté como un enano empatizando con todos y cada uno de los personajes que el genial Javier Fesser ha retratado en Camino, su última película. El creador del milagroso P. Tinto se inspira en un hecho real, la muerte y posterior apertura del proceso de beatificación de Alexia González Barrios, para narrar una historia que no deja indiferente. Camino es, para Fesser, una niña maravillosamente normal que acaba siendo extraordinariamente especial para cuantos la rodean. Es normal porque se amolda, como todos los niños, a las particularidades de la familia en la que se ha criado, porque se enamora, porque se ilusiona, porque sueña, porque enferma, porque sufre, porque muere. Y es especial porque aún sin ser consciente de ello es capaz de sacar parte de lo mejor y lo peor de cuantos la rodean. Lo que hace especial a Camino es la amalgama de intereses (lícitos o ilícitos depende del caso y de quien se atreva a juzgarlos) que se crean a su alrededor.

Algunos creerán que esta película deja en evidencia a Opus Dei, o que critica el fanatismo religioso de algunos padres. Para llevarme la contraria a mí mismo, diré que probablemente no se equivoquen. Pero Camino es, para mí, algo más. Es una fotografía de las miserias humanas, puestas al descubierto por la luz que irradia la sonrisa de una niña que descubre el amor. Una niña que empieza a hacerse mujer el día que deja de mirar el mundo como sus padres la han enseñado a mirarlo y que, quizás tímidamente, en silencio pero con firmeza, da los primeros pasos para a ser libre.

martes, 16 de septiembre de 2008

Infidelidad genética

Hace un par de semanas los medios se hacían eco de una noticia aparecida en el Washington Post, según la cual la fidelidad de los varones humanos podría estar relacionada con un gen. En verano, cuando la mayoría de políticos están de vacaciones y por tanto escasean las declaraciones, materia prima de casi todos los periódicos actuales, suelen aparecer las llamadas "noticias de nevera". Se trata de informaciones que no están estríctamente ligadas a la actualidad y, por tanto, pueden aparcarse hasta que llega la escasez informativa. Si, además, la noticia tiene un caracter alegre, festivo, disparatado.., si no se trata de un drama, vaya, puede entrar en la categoría de "noticias fresquitas", ideales para entretener a los ocasionales lectores veraniegos. De hecho, es habitual que alguna de estas noticias fresquitas se guarden en la nevera de año a año y nos las vayan repitiendo verano tras verano: el síndrome de la abuela estresada, las monerías de los delfines del acuario... Si además la información hace referencia a tópicos, leyendas urbanas, líos de faldas o asuntos sexuales.., mejor que mejor.

La noticia del Washington Post llega ya en septiembre, cuando los diarios han recuperado la "línea seria" pero sin duda cumple varios de los requisitos anteriores. De hecho, no estamos hablando de un descubrimiento reciente. Hace años que se conoce la influencia de un gen en el comportamiento sexual de los animales. De hecho, parece ser que existen dos tipos de roedor, uno monógamo y el otro polígamo, cuya única diferencia genética es la existencia o no de dicho gen. En cualquier caso, más allá de genes, ratas o criterios de noticiabilidad, la información me viene que ni pintada para tratar un tema al que hace tiempo le vengo dando vueltas.

La monogamia es uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad. ¿Exagero? Quizás. Pensémoslo con más detenimiento. Si analizamos el grueso de nuestra producción cultural, literatura, cine, música, veremos que un porcentaje muy significativo se centra en la búsqueda, la conquista, el mantenimiento o la pérdida de la llamada "media naranja". Todos los animales dedican la práctica totalidad de sus recursos a aparearse o a buscar un alimento que les permita sobrevivir para... poder aparearse. Los humanos dedicamos más tiempo a gilipolleces como acumular cosas, matarnos los unos a los otros para acumular más cosas o, por poner un ejemplo, reflexionar sobre si somos o no monógamos. Pero tras esta ocupación, la siguiente de la lista es apare... perdón. Buscar pareja. No es extraño por tanto que centenares de películas, novelas o canciones hablen del tema. Lo que sí es extraño es que sólo un porcentaje ínfimo de dicha producción hable directamente de aparearse mientras la mayoría hablan de buscar pareja. Pareja. Un concepto que va más allá de la circunstancia en la que dos se aparean para entrar en un estado en el que los que se aparean forman una entidad indivisible. Lo que a veces llamo el "pack de dos".

El concepto de pareja nos lleva inevitablemente a una de las dos acepciones más aceptadas de la monogamia, la que se refiere a una unión entre dos sujetos que mantienen un vínculo sexual durante un periodo determinado (normalmente el que abarca el periodo de reproducción y crianza). Algunos autores hablan de monogamia seriada, lo que consistiría en que los sujetos mantienen su relación exclusiva durante un tiempo, concluido el cual, cambian de pareja. Siempre de una en una (salvo, incluyen los expertos, algún periodo de transición en el que se inicia la relación siguiente sin haber concluído del todo la anterior). Frente a esta idea estaría la de los que consideran la monogamia como la práctica de algunos animales que eligen una pareja para toda su vida.

La monogamia en el segundo sentido es poco habitual en el reino animal, aunque se da, especialmente entre determinadas aves. Entre los mamíferos es una rareza. Entre los primates... Sólo se da en el ser humano... y poco. De hecho sólo unas decenas de los cientos de culturas humanas que conocemos son monógamas. En casi todo occidente la monogamia es incluso ley. Claro que la mayoría de estas leyes rara vez se meten en con quién se aparea cada cual, centrándose casi exclusivamente en una relación contractual que llaman matrimonio. Para adaptar este contrato a la monogamia seriada hemos inventado algo llamado divorcio que te permite, legalmente, establecer un nuevo contrato monógamo.

Todos estos contratos serían inútiles para los animales realmente monógamos. Incluso para los polígamos. Sólo un animal no monógamo que pretende pasarsepor tal necesitaría de matrimonio, divorcio o de una palabreja llamada "infidelidad". Y es que la infidelidad es algo exclusivamente humano. Los animales monógamos no la necesitan, pues no la contemplan. Los no monógamos, tampoco. Hacen lo que su naturaleza les empuja a hacer y punto. Claro está que entre estos animales tampoco existen los celos y entre los humanos... ¿Cómo es posible que una persona pueda desear a otra que no es su pareja y, al mismo tiempo, ponerse malo cuando ésta desea a otra?

Será por deformación profesional pero mi opinión es que los humanos, con o sin gen, no somos biológicamente monógamos, pero sí culturalmente (los pertenecientes a las culturas monógamas, por supuesto). Cómo llega una especie a imponerse una cultura contraria a su biología ya es algo que se me escapa. Lo que no se me escapa es que la investigación de marras se centra exclusivamente en la fidelidad o infidelidad genética de los varones. Y aquí es cuando empiezo a ponerme nervioso y a hacerme muchas preguntas para las que no tengo respuesta sobre el papel del varón en el mundo moderno. De eso hablaré otro día. Pero antes, en breve, me centraré en una tendencia que se está poniendo de moda (ejem) y que, parece, intenta hacer un hueco en nuestra cultura a posturas más biológicas. En breve. En breve.

¿Abocados a ser fieles (o infieles)? - El País

Monogamia - Wikipedia

jueves, 10 de julio de 2008

De cómo hacer que el sexo aburra

Un matrimonio salta a la fama por hacer el amor 101 veces en sendos días consecutivos. Amortizarán la inversión en fármacos diversos con la edición de un libro y los más que proables derechos para el cine o la televisión.

Maratón erótico, 100 días haciendo el amor - 20minutos.es


Annie perdió la paciencia.
¡Se me llevan los demonios!
¿Cómo permite la ciencia
que cien días de abstinencia
conserven los matrimonios?

¡El mundo se ha vuelto loco!
¡Los daneses me dan pena!
Para compensar un poco
me pillo un vídeo de Rocco
y voy a por la centena.

Douglas la mira encantado.
Se relame los bigotes.
Cuando todo haya acabado
voy a ser idolatrado
por todos mis amigotes.

Pero al ponerla en escena
la gesta muy pronto espanta.
Porque, puestos en faena,
tras la primera docena
aquello no se levanta.

Ni soñando una aventura
con Shakira y la vecina.
Ni con la viagra más pura
logras que se ponga dura
cuando caes en la rutina.

Mas en el último instante
recupera la erección
pensando en algo excitante.
Se busca un representante...
y a follar. Por un pastón.

Moraleja:
Si ves que en tu matrimonio
has perdido la pasión,
aumenta tu patrimonio
y te importará un cojón.

jueves, 3 de julio de 2008

María Escario y la importancia del contexto

Vivimos en los tiempos de la velocidad. Comida rápida, citas rápidas, todo rápido. También información rápida. Desde la revolución indusrial la tecnología nos ha ayudado en esta carrera por informarnos cada vez más rápidamente. La radio y la televisión nos abrieron las puertas al sueño de estar constantemente informados y la irrupción de Internet convirtió el sueño en realidad. Una realidad que podría convertirse en pesadilla si no somos capaces de digerir, cual hamburguesa de plástico, la que se avecina con la internet móvil que está al caer.

Incluso el viejo papel, gracias a los avances en las tecnologías de impresión, ha encontrado su espacio en esta vorágine con soportes publicitarios envueltos con información de consumo rápido. Toda la actualidad en 20 minutos, mientras viajas en metro, mañana y tarde...

El problema de la velocidad es que a veces está reñida con la calidad. La hamburguesa es rápida, pero no le llega al lento y sofisticado solomillo. Y en información la calidad tiene un nombre: contexto.

Querer informar de muchas cosas en poco espacio, en poco tiempo, implica descartar el contexto. Decir lo que pasa hoy no deja lugar a explicar lo que pasó ayer. Y o se está muy bien informado o es imposible entender el hoy sin conocer el ayer. La prensa gratuita o algunas informaciones de internet ejemplifican a la perfección cómo la obsesión por la información rápida nos aleja del conocimiento de lo que está pasando. Pere este mal se contagia fácilmente a otros canales. A cualquiera que intente competir en el mercado de ser el más rápido y conciso.

El problema de la rapidez informativa lo sufrimos a diario, pero en ocasiones vemos casos que son perfectos para ejemplificarlo. Como lo que le ha ocurrido estos días a María Escario.

En medio de la locura de las celebraciones por la Eurocopa saltó el escándalo. Mientras todas las cadenas competían por mostrar antes que nadie la misma escena Televisión Española se convirtió en noticia cuando su presentadora, conversando desde Austria con un compañero en Madrid, soltó una pregunta que puso los pelos de punta a cuantos la escucharon: "¿has notado si falta algo en tus bolsillos?"

La pregunta puede parecer inocente. El problema es que la formuló mientras su compañero explicaba que estaba rodeado de aficionados sudamericanos.



El contexto en que se dice algo, importa. Y este contexto no pasó desapercibido. La frase ha hecho correr ríos de tinta y el titular más repetido se refiere a ella como "comentarios xenófobos". El problema aquí es que el contexto es algo más amplio que los segundos previos a decir algo.

El diario 20 minutos publicaba hoy un breve con el siguiente texto:

Un periodista se hizo eco del número de latinos que celebraban el triunfo de España en la Eurocopa y Escario respondió: "¿Has visto si falta algo en tus bolsillos?" Por eso ha pedido perdón a los embajadors de Colombia y Ecuador.

La noticia no deja lugar a la duda. Es injustificable lo que hace la periodista, y pidiendo perdón reconoce su culpabilidad.

El Digital de Castilla La Mancha escribe en el subtítulo que la periodista "ha tenido que pedir disculpas" dando a entender que podría haber sido forzada a ello y tras relatar lo mismo que 20 minutos añade esta tibia excusa de María Escario:

«Cuando he oído mis palabras me he quedado horrorizada por un comentario que tal y como se oyó resulta xenófobo, pero que en absoluto fue mi intención», dijo la periodista.

Hasta aquí un periódico gratuito y un diario digital. ¿Pero qué pasa con los medios escritos de pago que, teóricamente, se diferencian del resto en dedicar más espacio al análisis? Pues vamos con El País, diario de referencia en España. En su sección Internacional escriben que La periodista que hizo un comentario xenófobo se disculpa. El artículo parte e las disculpas de Escario y se centra en las reacciones internacionales, especialmente en Edcuador y Colombia, donde, según el artículo, la disculpa les ha parecido del todo insuficiente. Algo que no extraña lo más mínimo si vemos la única frase de la carta de disculpas, totalmente ininteligible, que publica el diario:

En la carta de disculpa a los embajadores de Colombia y Ecuador, Escario, que reconoce su error y lo lamenta "profundamente", asegura que el comentario fue fruto de una confusión y que quería explicar "lo que en realidad quise decir pero no supe expresar".

¿Y qué es lo que en realidad quiso decir esta buena mujer pero no supo expresar? Ampliemos el contexto.

Parece ser que en una conexión anterior el periodista en Madrid dijo, para explicar que había muchísima gente a su alrededor, que había estado a punto de perder la cartera. En el momento de la fatídica conexión, en la que había muchísimo ruido y según explica Escario en su carta apenas se oían los unos a los otros, el mismo periodista estaba diciendo que había mucha más gente aún. Luego hizo referencia a la procedencia de algunas de estas personas mientras desde Viena, sin escuchar bien lo que le estaban diciendo, María Escario le haría una referencia a la anécdota del día anterior.

Nos lo podemos creer o no. Pero esta es la explicación que ha dado la protagonista del hecho, al tiempo que se ha disculpado por lo que se haya podido interpretar de sus palabras. Omitir la explicación completa y quedarse con la primera impresión es o un error garrafal o una completa manipulación.

De hecho la mayoría de medios han tratado bastante mejor la explicación de María Escario. Incluídos 20 Minutos en su web y El País en la sección Deportes (curiosamente en una noticia fechada con anterioridad a la de la sección Internacional).

En cualquier caso, la mayoría han incluído en su titular frases del tipo "comentarios xenófobos". Si creemos a María Escario el comentario no fue xenófobo. En todo caso, lo fue su interpretación. Oímos en la misma frase inmigrante y delito y presuponemos una relación. Aunque dicha relación nos indigne. Pero es en nuestro cerebro donde se ha producido.

Es cierto que dicha relación se produce en un contexto. La mayoría creímos que las palabras de Escario eran xenófobas porque hemos oído muchas veces a mucha gente relacionar una cosa con la otra. Y es que estamos socializados. Nos hemos adaptado a una sociedad en la que sólo un ingenuo no vería xenofobia en dichas palabras, sin conocer el contexto real. Quizás por ello es necesario reflexionar sobre el tema.

Lo que más me preocupa sin embargo de todo esto es que vuelve a evidenciarse que mucha gente no sabe o no quiere leer. Incluso en las noticias que explican todos los hechos aparecen multitud de comentarios que hacen caso omiso de lo ocurrido y aprovechan para ver lo que quieren ver. Así, encontramos un sinfín de comentarios del tipo "lo que dice la periodista es cierto" cuando ella ni siquiera lo ha dicho. Y para acabar de arreglarlo otros contestan indignados con alegatos tan anti xenófobos como frases iniciadas con un "es que todos los españoles son....".

Al final, lo más triste no es que se haya generado un conflicto diplomático por un malentendido o que se haya puesto en entredicho la dignidad de una profesional. Lo peor de todo es que tenemos abiertos innumerables foros donde las partes más xenófobas de nuestra sociedad están ventilando sus prejuicios a los cuatro vientos y generando más odio. Algo de lo que, por desgracia, andamos bastante sobrados.

Enlaces relacionados:
La periodista María Escario se disculpa por un comentario xenófobo en la celebración de la Eurocopa | El Periódico de Catalunya

María Escario pide perdón a Ecuador y Colombia por un comentario "xenófobo", El País (Deportes)

María Escario se disculpa por un comentario xenófobo en directo, El digital de Castilla la Mancha

lunes, 30 de junio de 2008

Jolgorio patrio

Como buen intelectual de pacotilla, debería odiar el fútbol. Pero como tengo más de pacotilla que de intelectual (apenas la pinta) debo reconocer sin evidencia de sonrojo que me mola el fumbo cantidá. Aunque debo reconocer que con el balompédico deporte me pasa un poco como con los toros: no tengo la sapiencia suficiente como para reconocer el arte en el ruedo ni arrestos para disfrutar de la batalla campal, pero me extasía todo lo que ocurre alrededor. Y es que algo que levanta tantas pasiones, aunque no logre entenderlo, debe tener algo bueno. Aunque sólo sea como ejercicio sociológico.

Y es que en esto del fútbol, porque estoy hablando y sólo hablaré de fútbol, se dan situaciones maravillosas. Dos personas con gustos y carácteres similares, unidas por una misma pasión, que disfrutan con lo mismo.., pueden odiarse hasta la muerte por el hecho de haber nacido en ciudades distintas y, por tanto, haber heredado el amor por colores distintos. Sin embargo, dos personas opuestas, que en circunstancias normales no se mirarían sino para despreciarse la una a la otra, pueden fundirse en un fraternal abrazo, besarse, alcanzar unidos el orgasmo al grito de un gol. Y de nuevo por el éxito de unos señores que cobran en un mes, por jugar, lo que ganarán ambos en toda su vida deslomándose.

Estas semanas hemos vivido altísimas dosis de este espectáculo de la naturaleza llamado forofismo. Gentes de todas las clases sociales se transformaban en toreros, guardiaciviles, coristas o espantajos diversos por el mero placer de destacar entre una pléyade de frikies pintados de vistosos colores. Su núero, quizás porque efectivamente existe un efecto llamada que empuja al frikie reprimido a salir del armario cuando ve por la tele a sus compinches liberados, ha ido en aumento día tras día. Hasta la explosión de anoche.

Vivo en Barcelona, una ciudad que ha vendido como pocas (y ha invertido un pastón en ello) la idea de modernidad y diseño de ultravanguardia, en un equilibrio imposible entre la dignidad de ser capital de la tierra del seny y la oportunidad de ser la puerta de entrada al paraíso de la caspa y lo bizarro. Una ciudad cuyo principal capital está en haber sido durante siglos la estación de referencia en una tierra de paso, que ha acogido como pocas a cuantos por aquí han pasado, que ha crecido con el sudor de los bienvenidos, conservando el sabor de los bienhallados. Una ciudad, en definitiva, que ha reconvertido una vieja riera en un escaparate de lujo donde los guiris pueden comprar, a la vez, los más bellos recuerdos inspirados en las genialidades de Gaudí, Dalí y Miró junto con esperpénticas banderillas de plástico, castañuelas de plásticos, bailaoras de plástico, toros de plástico y sombreros mejicanos, también de plástico.

El complicado equlibrio cultural de esta ciudad no está exento de sus puntos de fricción pero en la calle se sobrellevan con total naturalidad. Lo que pase en las tertulias radiofónicas, los debates televisivos o las trifulcas parlamentarias es algo que trastoca a una minoría, preocupa a algunos pero apenas modifica el día a día de la mayoría. Y dichas modificaciones suelen traducirse en pequeños tabúes y gestos, apenas perceptibles para el visitante.

Anoche, sin embargo, nos tomamos fiesta. Crucé la cidad de cabo a rabo a eso de la una y media. Habían pasado tres horas de la finalización del partido pero las calles seguían de celebración. La ciudad discreta y comedida estaba enloquecida. Y lo que más llamaba la atención no eran las banderas, ni los toros de Osborne, ni las guiris desaforadas sino el ruido. En ocasiones los humanos nos liberamos de siglos de socialización y recuperamos nuestra animalidad haciendo lo que más nos gusta. Ruido. Mucho ruido. Algo permanece escondido en lo más profundo de nuestro código genético que nos empuja a exteriorizar nuestra alegría armando barullo. Una bacanal de jolgorio patrio que sublimado durante años que por unas horas muchos se permitieron desatar.

Yo no soy muy dado a las muestras públicas de alegría. Menos aún a las banderas, himnos (cómo me mola, eso sí, que la letra oficial del nuestro sea el chinta chinta que algunos acomplejados quisieron robarnos) y efervescencias patrioteras. Pero me hace mucha gracia que existan, y se vean, sobre todo cuando están ligadas a la celebración. A la fiesta. Debo reconocer que anoche disfruté. Pese a no gustarme el ruido, ni la estridencia del claxon, ni el oéoéoé. Pero me gusta la gente contenta. Por lo que sea. Qué grande es, en ocasiones, el fumbo.

PD.- Aquí iba a decir que yo siempre creí en esta seleección, que nunca dudé de las capacidades de Aragonés, que pedí a gritos que no llevaran a Raul y que repetí el podemos hasta la saciedad. Pero pa qué. Soy de los que creían que un equipo que lleva más de una década clasificándose por los pelos para todas las fases finales debe sentirse contento por llegar a cuartos y caer, casi siempre, con el anfitrión, o el futuro finalista, o el futuro campeón. Soy de los que creen que es preferible jugar bien y caer injustamente antes de tiempo que jugar mal y ganar injustamente al final. Por eso me alegra que, por una vez, el que ha jugado mejor (un comentarista dijo que como el Brasil de Pelé... quizás no es necesario exagerar) se lleve el gato al agua. Porque quizás eso convenza a los que toman las decisiones de que es preferible ser fiel a uno mismo aunque implique fracasar que buscar el éxito imitando a los demás. Y ya no sé si sigo hablando de fútbol.

Más información:


Celebración en la Plaza España de Barcelona


El follonero y "Salvados por la Eurocopa"

Catorce detenidos en Catalunya por los disturbios en la celebración (El Periódico)

miércoles, 19 de marzo de 2008

El mejor tenor de todos los tiempos

Llevo tres semanas con este artículo y lo menos me quedan tres más, así que lo voy a colgar ya. Iré actualizándolo. (Última actualización 14/04/2008 - Nuevos vídeos)

La revista BBC Music Magazine ha publicado una lista de los 20 mejores tenores de todos los tiempos. La lista se ha configurado con los resultados de una encuesta a un grupo de expertos en ópera. El ganador, Plácido Domingo.

Todas estas listas son de por sí polémicas. Para empezar, ¿qué significa ser el mejor tenor de todos los tiempos? Si la calidad es difícilmente objetivable en cualquier aspecto de la vida, tanto más cuando nos referimos a personas. En cualquier caso, son las opiniones de un grupo de expertos y como opiniones debemos valorarlas. A partir de aquí, empieza el cambio de cromos. Que si por qué está éste y no aquél. Que si fulanito es mucho mejor que menganito y debiera estar más arriba. Que si a tal lo escuché en tiempos de carracuca y desafinaba como una espuerta de gatos...

El caso es que, aunque no creo en estas listas, me he alegrado mucho cuando la he leído. Y es que Domingo ha sido para mí hasta hace poco el mejor tenor de todos los tiempos. Justo hasta que he dejé de creer en que había un mejor lo que sea de todos los tiempos. Me explico.

Empecé a escuchar música clásica (término en el que englobaba prácticamente a toda la música que se tocaba con orquesta) cuando tenía unos doce años. Hasta ese momento no era consciente de la cantidad de música clásica que había oído y mis favoritas eran las que me sonaban, normalmente porque las identificaba con la banda sonora de una película o un anuncio. Así que mi música clásica favorita la formaban piezas con nombres tan interesantes como la de Apocalipse Now, la de 2001, la del anuncio del caballo (que resultó ser la del anuncio deun montón de cosas), el de miel de la Granja San Francisco o la de Supermán (que decepción me llevé el día que me enteré de que Williams estaba vivo y había reducido a la mitad mi catálogo de música clásica...)

Por aquel entonces en mi casa había tres discos de música clásica. Las cuatro estaciones de Vivaldi, obras para piano de Chopin (donde estaba la del anuncio de ballerina) y la Suite Española de Albéniz, aparte de un par de grabaciones horrorosas (las grabaciones, se entiende) de Zarzuela . Después apareció el Sr. Haro, un profesor de música que nos hacía llevar música a clase todas las semanas. Empecé saqueándo a los vecinos (el del 6º 2ª tenía una colección maravillosa) y luego empecé a poner en la carta a los reyes, junto a lo último de Olé Olé, cosicas como los Conciertos de Brandemburgo o la Pastoral de Beethoven. Finalmente llegó a casa una oferta de una entidad bancaria que regalaba una colección de clásicos imprescindibles por poner un dinerillo (que no tenía) a plazo fijo. Cuando se acabó el plazo me ofrecieron renovarlo a cambio de una colección similar con las óperas más famosas. Así empezó mi discoteca.

La verdad es que a la ópera no le presté mucha atención al principio. Siempre decía, la ignorancia es atrevida, que me gustaba la música pero me estorbaban los gritos. Por eso empecé por los preludios. Luego vinieron los coros. Finalmente llegaron las arias. Primero las de soprano. La Casta Diva de Norma. Un vel di vedremo, de Madam Butterfly. La Habanera de Carmen. O mio babbino caro, de Gianni Schicchi... Hasta que un buen día tres señores muy simpáticos aprovecharon un mundial de fútbol para devertirse un buen rato cantando arias de tenor. La verdad es que ya escuchaba antes, pero me sirve como excusa. El caso es que más o menos por aquella época descubrí que era Dominguista.

Entonces no lo sabía, pero acababa de tomar una de esas decisiones que te marcan para toda la vida, como elegir equipo de fútbol. Entrelos melómanos la comunidad de fanáticos de Domingo es casi tan grande como la de sus detractores y las discusiones son encarnizadas. Yo era de los primeros y pasé de escuchar ópera a escuchar a Plácido Domingo. A partir de ese día (y hasta hace muy poquito) en mi carta a los reyes no faltaba el título de una ópera junto a las palabras por Plácido.

Estaba de enhorabuena. Si algo es fácil hoy enb día es encontrar una grabación de ópera por Plácido Domingo. Y es que estamos ante, probablemente, el tenor con el repertorio más amplio de la hisotria (130 papeles). Lo ha cantado casi todo y, casi todo lo que ha cantado, lo ha grabado. Esta ha sido sin duda una de las cosas que más han valorado los señores de la BBC. Si Caruso parecía el más grande porque fue el primero de los grandes que dejó grabaciones (de los primeros años del siglo XX), Domingo ha vivido su larguísima carrera en los tiempos en que la industria discográfica ha experimentdo sus más espectaculares mejoras, irrupción del digital incluída.

¿Convierte esta particularidad a Plácido en el mejor tenor de todos los tiempos? Sin duda no. Pero de cuanto ha hecho ha dejado constancia sonora en la mejor calidad posible.

Lo que más me gusta de Domingo, aparte de esa voz tan amplia que le permite moverse por papeles variadísimos que incluyen el repertorio lírico, el Spinto, el dramático, el Helden.., es que además de un gran cantante es un excepcional intérprete. Actúa cantando. Y eso en la ópera es fundamental. Hay voces más bonitas. Las hay con mayor facilidad para el agudo. Las hay más ágiles. Las hay más potentes. Pero Domingo hace que los personajes sean creíbles.

Hoy no compro exclusivamente discos de Domingo. Creo que he dado un paso más en mi evolución como amante de la ópera y empiezo a tener mi cantante preferido para cada papel. He descubierto que hay cosas que Domingo no puede hacer como lo han hecho otros. Ni puñetera falta que le hace. Por eso me gusta esta lista. Porque me permite descubrir a otras voces que se me hubieran escapado si hubiera segudio endomingado.

Antes de presentaros a los, quizás, 20 mejores tenores de todos los tiempos, una apreciación. En la lista sólo aparecen dos tenores en activo. Domingo (el primero) y el jovencísimo Juan Diego Flórez. Que Flórez esté ahí tiene muchísimo mérito. A sus 35 años tiene aún mucho que demostrar y sin embargo se ha colado en una lista donde no aparecen nombres tan emblemáticos como los del recientemente desaparecido Giuseppe Di Stefano, Luigi Alva o Mario del Mónaco, por citar sólo algunos. En los próximos días pondré unos cuantos videos de estos artistas para que nos hagamos una idea de lo que eran capaces de hacer. De momento me limito a presentar a los ganadores que, el post me está quedando muy Wagneriano (por lo largo que es).

1. Plácido Domingo (nacido en 1941)


Dio mi potevi, de Otello (Verdi). También por Mario del Mónaco (el inicio más recitado que cantado no sé si es muy ortodoxo, pero me parece espectacular), José Cura y Jon Vickers

2. Enrico Caruso (1873-1921)


No, pagliaccio non son, de I pagliacci (Leoncavallo). También por Domingo, del Mónaco y Pavarotti.

3. Luciano Pavarotti (1935-2007)


Una furtiva lagrima, de l'Elisir d'amore (Donizetti). También por Plácido Domingo, Juan Diego Flórez y Rolando Villazón.

4. Fritz Wunderlich (1930-1966)


Dies bildnis, de La flauta mágica (Mozart). También por Francisco Araiza, Juan Diego Flórez y Nicolai Gedda.


5. Jussi Björling (1911-1960)


Salut demeure chaste et pure, de Fausto (Gounod). También por Plácido Domingo, Alfredo Kraus y Giuseppe Di Stefano (atentos al Do del final acabado en un pianissimo imposible)

6. Lauritz Melchior (1890)


Recitar... Ridi pagliaccio, de I Pagliacci (Leoncavallo). También por Plácido Domingo, Pavarotti, Caruso y Mario del Mónaco (de nuevo pasándose la partitura por las narices, pero impresionante)

7. Beniamino Gigli (1890-1957)

8. Jon Vickers (nacido en 1926)

9. Nicolai Gedda (nacido en 1925)

10. Peter Pears (1910-1986)

11. Tito Schipa (1880-1965)


Ella mi fu rapita... Parmi veder la lagrima, de Rigolrtto (Verdi). También por Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y Giuseppe DiStefano.

12. Carlo Bergonzi (nacido en 1924)

13. Juan Diego Flórez (nacido en 1973)


A mes amis... Pour mon ame, de La fille du regiment (Donizetti). También por Alfredo Krauss, Pavarotti y Rockwell Blake (éste tampoco está en la lista pero es uno de los tenores con mayor facilidad para el Do. Aquí hay 9. Y el noveno más que cantarlo lo chulea).

14. Peter Schreier (nacido en 1935)

15. Franco Corelli (1921-1976)

16. John McCormack (1884-1945)

17. Anthony Rolfe Johnson (nacido en 1940)

18. Alfredo Kraus (1927-1999)

19. Wolfgang Windgassen (1914-1974)

20. Sergey Lemeshev (1902-1977).

Más información:

BBC Music Magazine

BBC - Domingo hits BBC top spot as greatest tenor ever

El mayor tenor de todos los tiempos, La Razón

martes, 27 de noviembre de 2007

Heidi pierde las bragas

Heidi, paja... ¿Qué titular saldría con esta imagen?Ese titular sería sin duda el más apropiado para la noticia que publicaba elmundo.es el pasado miércoles. Bajo el sugerente título de Turquía censura las bragas de Heidi nos ofrecía un interesante artículo sobre la islamización de la sociedad turca y sus repercusiones en distintos campos de la cultura. El problema es que las bragas de Heidi no estaban, pero no porque hubieran sido censuradas. Simplemente porque nunca estuvieron.

La prenda que ha hecho saltar chispas en Turquía no han sido unas bragas ni pertenece a la alegre muchachita de mejillas sonrosadas. Se trata de un pañuelo. Un pañuelo que en una edición de la famosa obra (la literaria) cubre la cabeza de la abuela de Clara en una ilustración. El problema es que ha sido esta edición, precisamente, la que ha incluido el ministerio de educación turco en una lista de lecturas recomendadas para los niños. ¿Cómo ha llegado el redactor de El Mundo del pañuelo a las bragas? Es un misterio que leyendo y releyendo el texto de la noticia no podemos desvelar. El hecho de que una edición de Heidi no incluya ninguna ilustración en la que se vean las bragas de la niña no implica censura de ningún tipo. No, a menos que consideremos que dichas bragas suponen un elemento fundamental en la obra. Y me parece que en ese caso sería mucho suponer.

¿Pedro se come el bollo de Heidi?La versión en dibujos animados de Heidi forma parte del imaginario colectivo de toda una generación y se ha convertido en un referente de nuestra infancia como lo fue Marco o la abeja Maya. Y en dicho imaginario, la visión de la niña de ojos enormes bajando a saltos una montaña mientras nos muestra sin pudor una braga-faja de lo más antierótico se ha convertido en un icono tan difundido como el inefable Pichí, la silla de ruedas de Clara o los rumores sobre las posibles relaciones entre el abuelito y la señora Seseman (la del pañuelo), Heidi y Pedro, Pedro y Niebla o Heidi y Pichí. Realmente nos hemos acostumbrado a buscar referentes sexuales en Heidi, quizás probablemente por el hecho de ser un referente de nuestra infancia, un tiempo en el que la televisión infantil era de un blanco inmaculado. Por el mismo motivo, tal vez, la red está repleta de insinuaciones sobre la relación homosexual de Epi y Blas. Puede que el mismo mecanismo actúe en la mente de los políticos polacos al ver indecente al pobre Pinky Winky. Pero eso no es motivo suficiente para inventarnos el titular de una noticia. Eso sí. El momento es oportuno. Y para muestra, esta noticia que nos sorprendió en su día y cuyo tratamiento también daría para comentar largo y tendido.



Lo que está ocurriendo en Turquía tiene interés. Mucho interés. Y resulta triste que para llamar la atención del lector sea necesario provocar con titulares espectáculo basados en insinuaciones y en la propia (y calenturienta) imaginación del redactor. Quizás nadie prestaría atención a la noticia si no se nombraran las bragas. Pero es que las bragas no forman parte de la noticia. Las bragas no están. La Heidi de los niños turcos no lleva bragas. Y si las lleva es sólo en su imaginación. Tal vez los niños turcos pueden fantasear con la idea de que, bajo esa falda hasta los tobillos, Heidi esconde unas espectaculares bragas de encaje. O un tanga. O absolutamente nada. Nosotros la recordaremos siempre con bragas de cuello vuelto. Quizás sea mejor la opción turca.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Las enfermeras, contra el desodorante

Hace un par de años escribí un comentario sobre publicidad y estereotipos con motivo de una serie de quejas que habían suscitado distitos anuncios televisivos. Dichos anuncios no escandalizaban al personal por lo malos que eran sino por ofrecer imágenes estereotipadas de distintos colectivos. Una expresión, imagen estereotipada, que me sigue llamando la atención en este país de tópicos y chascarrillos en el que vivimos.

Los conjurados contra el estereotipo han vuelto a reunirse recientemente para denunciar la imagen denigrante que sobre un colectivo, las enfermeras y personal sanitario en general, ofrece la última campaña del desodorante AXE. Se trata de una campaña que, bajo la impronunciable marca Bom Chicka Wah Wah, pretende hacernos creer que por feos que seamos una rociadita de su mejunje derretirá los muslos de la moza más pintada que se cruce en nuestro camino. De hecho yo también denuncié la campaña, pero por generar expectativas que, al menos en mi caso, no lograba satisfacer.

Aplaudría a rabiar que denunciaran la campaña por recordarnos que vivimos rodeados de gilipollas (no merece otro calificativo quien se deje seducir por semejante memez de anuncio). O por vender bajo cuerda la idea de que el desodorante es la base de la higiene corporal (cualquiera que tome un autobús o el metro a las ocho de la mañana ha sentido la nauseabunda presencia de tantos y tantos que sustituyen la duchita de rigor por una inmersión en perjúmenes varios). Sin embargo me parece muy estrecho de miras observar este fenómeno desde el simple corporativismo o más aún desde el supuesto de que denigra la imagen de la mujer. Lo que denigra este anuncio es precisamente a los hombres al convertirlos en su único público objetivo bajo la premisa de que no tienen más interés en la vida que ser asaltados por mujeres enloquecidas por las feromonas. Para los creativos del anuncio el factor determinante que impulsará a un hombre a comprar un desodorante que cuesta el doble que cualquier otra marca es la sugerente idea de excitar como perras salvajes a cuantas mujeres aspiren sus afrodisíacos efluvios. Que no somos tan tontos, señores. Que todos sabemos que si no acompañas el desodorante con un descapotable, una fuerte melena al viento y un miembro de treinta centímetros no hay nada que... Me parece que tanto hablar de tópicos me está descentrando.

El hecho es que el anuncio es malo hasta la agonía, pero quizás es mucho afirmar que la imagen de un colectivo tan importante para todos como el del personal sanitario puede deteriorarse con semejante memez. Probablemente resulte más denigrante para el colectivo ver que sus representantes dan tanta cancha al anuncio que el anuncio en sí. Vendría a ser como si un personaje público, qué sé yo... Un miembro de la familia real, montara un pollo por unas caricaturas. Otro mal ejemplo. En definitiva. Que denunciar estos anuncios lo que acostumbra a conseguir es que aumente su impacto social y su conocimiento por parte de un público que, normalmente, pasa olímpicamente de la publicidad.

El problema es que este tipo de denuncias suelen provocar el seguimiento de otros grupos. De este modo, no sería de extrañar que en breve denunciaran a AXE otros colectivos como el Club de Compradores del Carreful (CCC)...



La Asociación de Pacientes de Odontología (APO)...



O la Federación Internacional de Nueras (FIN).



Aunque claro. Si lo pienso mejor acabo llegando a la conclusión de que estoy equivocado. Viendo la cantidad de vídeos de "imitadores" que están saliendo por todas partes, probablemente no estamos preparados para esto. Más aún cuando vemos el efecto demoledor que causa en los niños.



Vamos. Que sí. Que lo prohiban.

Para quitar el mal sabor de boca, os dejo el video oficial de la campaña. Por éste también podrían denunciar los que viajan en autobús... o los que les gusta la música. Allá cada cual.



ABC.es - Las enfermeras, contra un anuncio de Axe

Experimento AXE