lunes, 13 de marzo de 2006

Ràdio 4 y la RTV pública española

Tras la presentación del plan de viabilidad para RTVE, que entre otras medidas implica el cierre de Ràdio 4, se han sucedido las protestas por parte de oyentes, simpatizantes, periodistas, políticos y agentes sociales de todo tipo. Una buena ocasión para reflexionar sobre el papel de los medios públicos en este país.

¿Qué es un medio público? Un pozo sin fondo, una fuente inagotable de problemas, una tentación para los gobernantes.., también un servicio público que debe informar y entretener al público sin depender en exceso de los criterios mercantiles de los medios privados.

No vamos a entrar en si los medios públicos son algo bueno o malo. Estamos ya grandecitos para andar con maniqueísmos reduccionistas. Habida cuenta que nos encontraremos con cosas positivas y negativas, de lo que se trata es de determinar, primero si merece la pena tener medios públicos y, en caso afirmativo, cómo deben gestionarse y con qué objetivos.

En el mundo imperan varios modelos absolutamente distintos de televisión pública. Quizás los dos más interesantes, y prácticamente antagónicos, son el estadounidense y el británico. En Estados Unidos lo público prácticamente no existe. La televisión pública, por tanto, es algo anecdótico, con audiencias ridículas y motivo de chistes entre la población. En el Reino Unido la televisión pública es un referente mundial en cuanto a contenidos de calidad. La BBC no emite publicidad. Se financia mediante impuestos especiales y, muy importante, la explotación de sus productos audiovisuales en todo el mundo.

En España la televisión pública tiene una doble financiación. Una importante aportación de los Presupuestos Generales del Estado y los ingresos en concepto de publicidad. Aún así, las pérdidas de RTVE son enormes y constantes.

Está claro que el objetivo de una televisión pública no puede ser ganar dinero. Se le presuponen unos gastos mayores que los de las televisiones privadas en tanto que deben cumplir con su vocación de servicio público atendiendo a temas que no tienen ningún interés comercial. Lo deseable, además, sería que al igual que la BBC impusieran unos estándares de calidad mayores.

Sin embargo, cuando analizamos la programación de TVE vemos que su canal generalista, la primera, compite por el mercado publicitario con las privadas (ese no debía ser su objetivo...) con programas de género similar, calidad no siempre mayor y facturas más elevadas. La 2, el canal que asume por definición y casi en exclusiva la carga de ofrecer una alternativa de calidad a las cadenas privadas (no debían hacer eso los dos canales...) logra unas cuotas de pantalla discretísimas con básicamente tres tipos de contenidos: deportes (excepto fútbol), documentales y otros programas divulgativos comprados (básicamente animalitos) y una serie de programas más o menos culturales de producción propia que apenas se promocionan y tienen audiencias bastante bajas. Algunos de estos programas me parecen realmente interesantes, pero se venden fatal.

Por su parte, los informativos, el buque insignia de la cadena, son constantemente criticados por su falta de objetividad, algunas veces con razón, otras muchas tan solo como parte de las estrategias de las oposiciones.

A esto hay que sumarle 5 cadenas de radio (que no emiten publicidad) y toda la red de radios y televisiones autonómicas y municipales.

Si lo sumamos todo, veremos que la inversión que hacen las distintas administraciones en medios públicos es enorme. ¿Pero cumplen realmente con la función que se espera de ellas?

La respuesta, mañana.


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